12 meses para trabajar por una PAZ viva

 

Comienza un nuevo año. Un año que, de seguro, estará cargado de esperanzas, oportunidades y luchas. Lo consciencia de estar viviendo un momento histórico de cambio nos impulsa a empezar cada nueva etapa con una energía y una expectativa diferente, renovada. En nuestra Iglesia de hecho, desde hace ya 47 años, se nos invita a comenzar con un mensaje y un horizonte muy claros: la lucha por la paz. La Jornada Mundial por la Paz estrena cada 1 de enero con una llamada al planeta para construir, entre todas y todos, la civilización de la paz viva. Viva en tanto que transformadora y activa, no esa que relacionamos con “estar tranquilos” y nos deja cómodamente en nuestro sofá sin que nadie nos moleste. La de los cementerios, en su quietud y silencio de muerte, también es paz.

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VER

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Estamos rodeados de violencia. A poquito que nos queramos fijar, la encontramos por cualquier parte a nuestro alrededor. Violencia oculta bajo los más diversos disfraces y en todas las formas que podamos pensar. Decía uno de los lemas más potentes que el 15M sacó a las calles que “violencia es cobrar 600 euros”. Ciertamente no está relacionada únicamente con lo agresivo físicamente o con lo que habitualmente relacionamos con este término. Podemos encontrar a la violencia escondida en actitudes, en formas de hacer las cosas, en reacciones, en respuestas, en lenguajes, en realidades conocidas, en paisajes cotidianos… incluso en mensajes a la nación de nuestros líderes, dentro de nuestras iglesias o en la manera que tenemos de conducir. Por supuesto, la más evidente, la que pega, agrede y humilla, la machista que mata a tantas mujeres inocentes, la de las cuchillas de las vallas de Melilla y Ceuta o la de los que reprimen la libertad de expresión en cualquier lugar del mundo, también es violencia. La guerra es la gran violencia, paradigma de lo absurdo. De nuestro microcosmos personal al mundo en que vivimos podemos encontrar muchas y muy distintas formas de violencia que nos llaman, como cristianos y como personas, a combatirlas.

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JUZGAR

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El lema que ha elegido Francisco para la Jornada Mundial por la Paz de este año no puede ser más iluminador: “La fraternidad, fundamento y camino para la paz”. Complementando de algún modo a la célebre frase de Gandhi (“la paz es el camino”), nos ofrece uno de los ingredientes fundamentales para traer la paz a nuestro mundo. Tanto al nuestro de cada día como a ese grande que nos espera entre voces de auxilio y llamadas de esperanza. La fraternidad (la sororidad) entendida como aquello que nos hermana como especie y que, por tanto, nos une. Son varias las voces que se están levantando (ya lo apuntábamos en la primera entrada) para reclamar la gran revolución que nos está esperando y nos pertenece a los habitantes de esta época de la historia. La fraternidad olvidada por los franceses y que puede complementar a la perfección a esa libertad y esa igualdad ansiadas. No es exageración ni utopía el trabajar por un sistema que se base en lo que nos une para ir venciendo a las situaciones de violencia que nos rodean. Sólo desde una fraternidad asumida y coherente podremos ir transformando nuestro entorno y, aquí sí, el microcosmos y el planeta cabe en una misma perspectiva. Volviendo a Gandhi, la única forma de traer la fraternidad a todo el planeta es comenzando a vivirla en nuestras relaciones personales cada día. No hay otro camino, al menos no hay otro que pudiera llegar a ser duradero. La coherencia aquí se hace fundamental. Toca asumir en lo profundo junto al líder pacifista hindú ese “sé tú el cambio que quieras ver en el mundo”.

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ACTUAR

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Como decíamos en la introducción a esta entrada, la paz no consiste en quedarse en paz. De hecho, paradójicamente, la paz nos va a llevar a movernos más de lo que creemos. Es la invitación que Jesús nos hace al llamar bienaventurados, felices y encaminados, a aquellas y aquellos que trabajen por la paz. La paz hay que trabajarla. Para ello, la invitación primera es, como siempre, a informarse. ¿Qué formas de violencia existen en tu entorno? ¿De cuáles participas tú tal vez sin saberlo? ¿Sabes qué conflictos armados existen en el mundo? ¿Los tienes presentes? Informarse es fundamental para transformar la realidad (y ya sabes que no vale con leer el periódico que llega a casa, usa Internet!). ¿Sabías que España es el segundo mayor vendedor de subfusiles al África subsahariana por debajo de los Estados Unidos? ¿Y que somos los primeros (¡líderes mundiales!) en lo que a venta de munición se refiere en esta misma región? ¿Es este el modelo de desarrollo que quieres para tu país? Cada vez que enviamos a un médico desde una ONG española va a curar heridos con las balas que también nosotros hemos enviado. ¿Qué piensas hacer al respecto? Una vez te hayas informado y tengas claro qué significa para ti la violencia, cuáles son sus límites desde tu punto de vista, ponte manos a la obra. Denuncia los casos de violencia que encuentres a tu alrededor, movilízate por los derechos de los colectivos que sufren la violencia estructural, para las situaciones violentas en tu entorno cercano.

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Y por último, como invitación personal, aprende mucho sobre lo que significa la no violencia y cómo se lleva a cabo este tipo de lucha. No podemos reivindicar la fraternidad por la fuerza. Allá donde vayamos a denunciar o reclamar tiene que ser con ánimo de pacificar y nunca con sus armas. En el momento en el que combatimos la violencia con violencia hemos perdido. Gandhi lo sabía. No dejes de leerle. Puede ser una buena manera de comenzar el año.

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Miguel Ángel Vázquez

@MAVazquez22
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