SALIR RÁPIDAMENTE DEL AGUJERO

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5 minutos al día de mindfulness

Recientemente la Premio Nobel de Medicina en 2009, ha dicho que “maneja las situaciones de estrés haciendo micromeditación ya que calma al cerebro inmediatamente y le permite salir rápidamente del agujero”.

Quizás lo primero que te surja al ver esta sección es si sirve para algo hacer 5 minutos de atención plena ¡si tan solo son 5 minutos! Y la respuesta es clara y sencilla: no, no sirve… a no ser que nos fijemos en la segunda parte del título de la sección: ¡al día! Por eso, este año, en www.acompasando.org te propondré 1 práctica de atención plena cada mes: “5 minutos diarios de mindfulness” 

El objetivo de la práctica de mindfulness es hacernos mejores personas, transformar la mente y el corazón y se debería traducir en la compasión como actitud fundamental. Sin embargo, puede ocurrir que se reduzca a su nivel psíquico y a la propuesta de métodos para la mejora de la atención y el logro de la relajación y la concentración, identificando la consecución de una felicidad con el logro de estados de ánimo placenteros. Esto lo expresaba Martín Velasco en el prólogo del primer libro que se publicó en España, en 2004, sobre interioridad: “La interioridad: un paradigma emergente”. Quince años después, todos conocemos programas, cursos y otras muchas ofertas para el cultivo de la interioridad. Unos se quedan en métodos de relajación, concentración y regulación de las emociones y otros, no. 

También avisaba Velasco de “los peligros de determinadas formas de descubrimiento de la propia interioridad: el de verse seducido por las riquezas que aparecen en ella” y también lo suscribo en la práctica de mindfulness. En este sentido, es cierto que esa seducción puede ahogar anhelos más profundos del corazón. Otras veces no, sino que se podrá traducir en el amor, en la sensibilidad, en la compasión y en la solicitud como actitud fundamental y así es en lo que se traduce la espiritualidad, para L. Boff. Cierra los ojos, haces un par de respiraciones. Imagina que estás hablando con alguien en una situación de estrés… Y decides practicar la “escucha compasiva”: mientras le estás escuchando, al inspirar, interiormente te dices: compasión para mí, al espirar: compasión para ti. Y si puedes, pones tu mano en tu corazón, por ejemplo, con disimulo, como cruzando los brazos. Sin darte cuenta irás sintiendo mayor calma, habrás salido del agujero y sin saber cómo, continuarás con paz y armonía.

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