TIEMPO PASCUAL 2017 acompasando

 #SINONOESELFINAL

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V DOMINGO DE PASCUA

EL FINAL DE LA PELÍCULA SIEMPRE ES COSA DE DIOS

GRAN TORINO (GRAN TORINO, 2008)

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Domingo 14 de mayo de 2017

Jn 14, 1-12

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En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: “No perdáis la calma, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias, si no fuera así, ¿os habría dicho que me voy a prepararos sitio?. Cuando vaya y os prepare sitio volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.” Tomás le dice: “Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo podemos saber el camino?” Jesús le responde: “Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.” Felipe le dice: “Señor, muéstranos al Padre y nos basta.” Jesús le replica: “Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: «Muéstranos al Padre?» ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también el hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre.”

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Curioso que este domingo no se nos proponga un texto pascual, de resurrección, sino un trozo del discurso de despedida, en la última cena del Señor… Esa noche que todo parecía fúnebre, tétrico, todo indicaba que aquello iba a acabar mal… Como en la película “Gran Torino”, una de las grandes películas de Clint Eastwood, de las grandes de la historia del cine:

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Es la historia de Walt Kowalsky, que va mostrando la evolución de este hombre tras la muerte de su mujer, veterano de la guerra de Corea de la que le quedan graves secuelas afectivas y que quizá por eso tiene un carácter amargado, resentido con el mundo en general, con la humanidad entera… Sorprendiéndose a sí mismo, va decidiendo ayudar a sus vecinos inmigrantes asiáticos. Pero todo tiene un precio… y esta ayuda le pasará factura. No es un final de película… pero sí quizá es un final pascual: acaba bien.

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Resaltamos la escena final para ilustrar la frase de Jesús: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores… aunque no es solo el final la que habla de estas obras en la película.

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Una frase parecida pronunció también Claret a unos estudiantes que le preguntaban cómo podía hacer tantas cosas… Claret les dijo: ENAMORAOS DE JESUCRISTO y haréis obras más grandes que yo.

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Walt Kowaslky no es precisamente un hombre enamorado de Jesús, pero es un hombre cabal, comprometido con su misma causa. Porque seguir a Jesús es compartir su vida, su misión y hasta su destino. Seguir a Jesús no es imitarle, no es solo confesarle de palabra, sino realizar hoy sus obras: curar con ternura tanta humanidad rota, expulsar demonios, luchar contra todo tipo de mal e injusticia, contagiar sentido por el que merece la pena vivir, proclamar la verdad aunque con eso ganemos enemigos… Esas eran y son las obras del Padre: cuidar de todos sus hijos y dar vida en abundancia.

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Esta película nos confirma en esta Pascua que la vida va adquiriendo sentido cuando nos abrimos a lo que cada día nos ofrece como un regalo de Dios y nos convertimos nosotros mismos en regalo, comprometidos en las obras del Padre dando vida allí por donde pasamos, como Walt. Merece la pena vivir así, no solo porque esperemos recompensa en un más allá, sino porque el camino nos va dando ya la satisfacción serena de una vida verdadera, en paz con nosotros mismos.

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El final de película siempre es cosa de Dios, como lo ha sido la Resurrección de Jesús.

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Equipo Acompasando