A DIOS POR LA PALABRA (I) · ANTONIO MACHADO

MACHADO
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Poned sobre los campos 

un carbonero, un sabio y un poeta. 

Veréis cómo el poeta admira y calla, 

el sabio mira y piensa… 

Seguramente el carbonero busca 

las moras o las setas. 

Llevadlos al teatro 

y solo el carbonero no bosteza. 

Quien prefiere lo vivo a lo pintado 

es el hombre que piensa, canta o sueña. 

El carbonero tiene 

llena de fantasías la cabeza. 

 

(Antonio Machado, Proverbios y cantares XXVI) 

 

 

Que venga Dios aquí por la palabra. Que vayamos a Él por la palabra. 

Eso quisiera ofrecer humildemente en medio de este mundo subyugado por la tiranía de la imagen. 

Para este viaje no sirve mi palabra, que apenas tiene recorrido y poso, pero sí la voz de los que han arañado el cielo con sus ecos, pues les ha sido dado el don de contemplar y transparentar la Belleza. La Belleza y la Verdad y la Bondad… ¡La Vida! ¡Dios! 

La Vida, sí. La Vida y Dios. Porque no nos interesa la capacidad que otros han tenido para admirarse o para decir las cosas hermosamente, sino que nos atrae Aquel a quien todos podemos admirar en nuestra propia vida, y la vida misma con sus cosas. 

Si el poeta y el sabio no llevan también dentro un carbonero, huera poesía, sabiduría vana. 

Saquemos del baúl de la poesía lo antiguo y lo nuevo. Convoquemos sus voces al camino. Quizá sin mucho tino, quizá con menos orden que concierto, rescatemos legajos de viejos poetas, cuartillas de poetas frescos… Vayamos hacia Dios por la palabra. Llena de fantasías la cabeza… ¡Y el capacho de moras! Y las manos tiznadas de carbón para encender el fuego. 

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