A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
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Abiertos

Abiertos a lo desconocido

Con el comienzo de un nuevo año, llegan también los buenos propósitos, los nuevos proyectos y los deseos de llevar adelante algunas de esas ideas que se han ido madurando a lo largo de los meses del año que termina. Con todo, y como parece que decía John Lennon, “la vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes”. Entre los resquicios de nuestras intenciones y esquemas, se nos escapa una vida que no es tan fácil de controlar ni ordenar en “cajoncitos” y que, con frecuencia, trae lo más enriquecedor precisamente en lo incontrolable. Por más que desearíamos prever lo que nos va a suceder en los meses que tenemos por delante, la mayoría de esos acontecimientos se escapan de nuestro dominio.
Eso no significa que estemos abocados al riesgo de la incertidumbre, pues lo que nosotros no podemos prever por más que nos empeñemos está bajo la atenta y cariñosa mirada del Padre que cuida de los pajarillos y que nos tiene contados hasta los pelos de la cabeza (Mt 10,29-30). Quizá nos afanemos en tener todo planeado y programado, pero nuestras existencias no se escapan del cuidado providente de Aquél en cuyas manos estamos. Del mismo modo que Jesús dijo a sus discípulos cuando fueron enviados a anunciar la Buena Noticia, también ahora se nos pide que no tomemos nada “para el camino más que un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja” (Mc 6,8), porque Él se encargará de asombrarnos y de ocuparse de nosotros de modos sorprendentes.
Entre todos los planes que hemos trazado y todos los objetivos que nos hemos planteado de cara al nuevo año, podríamos preguntarnos qué espacio damos a la confianza en que Dios se preocupa por nosotros y, del mismo modo, si estamos dejando un espacio abierto a aquello que el Señor nos quiera regalar en este tiempo y que está fuera de cualquiera de nuestros programas trazados, porque lo mejor está siempre por llegar.

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