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Un joven pidió consejo a Unamuno y entre otras cosas, le dijo esto:

“Me dices en tu carta que si hasta ahora tu divisa ha sido: ¡Adelante!, a partir de ahora será: ¡Arriba!. Deja eso de delante y atrás, de arriba y abajo; deja de jugar a progresismos y carquismos; déjalo a los progresistas y a los retrógrados, a los ascendentes y descendentes, que se mueven tan sólo en el espacio exterior, y busca el otro, tu ámbito interior, el de tu alma.

Lucha por meter en ella el universo entero, que es la mejor manera de derramarte en él… En vez de decir: ¡Adelante! O ¡Arriba!, di: ¡Adentro! Reconcéntrate para irradiar. Déjate llenar para que reboses luego, conservando el manantial.

Recógete en ti mismo para mejor darte a los demás, todo entero e indiviso. «Doy cuanto tengo», dice el generoso. «Doy cuanto soy», dice el héroe. «Me doy a mí mismo», dice el santo; di tú con él al darte: «Doy conmigo el universo entero». Para ello tienes que hacerte universo, buscando dentro de ti. ¡Adentro!”

Unamuno