Amar un bosque

Decía San Agustín: «Nadie puede amar una cosa por completo ignorada». Quien no ha conocido un bosque no puede comprender el alcance de su grandeza ni cuál es su papel en la vida de nuestro planeta azul.

Los bosques cubren un 30.7% de nuestra superficie terrestre y juegan un papel fundamental en la vida de muchas de nuestras comunidades. Ayudan a conservar el suelo y el agua, previenen las avalanchas, impiden la desertificación y protegen las zonas costeras. Los bosques albergan a más del 80% de todas las especies terrestres de animales, plantas e insectos y ayudan a mitigar el cambio climático.

La ONU proclamó el 21 de marzo como Día Internacional de los Bosques para recordar la importancia que tienen los bosques en el mantenimiento de la vida y para generar conciencia sobre la necesidad de valorarlos y conservarlos. De los bosques depende nuestra supervivencia, sin embargo cada año estamos destruyendo unas 13 millones de hectáreas.

El Papa Francisco nos lo advierte en el número 33 de la encíclica Laudato si: «Cada año desaparecen miles de especies vegetales y animales que ya no podremos conocer, que nuestros hijos ya no podrán ver, perdidas para siempre. La inmensa mayoría se extinguen por razones que tienen que ver con alguna acción humana. Por nuestra causa, miles de especies ya no darán gloria a Dios con su existencia ni podrán comunicarnos su propio mensaje. No tenemos derecho.»

El número 15 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible está orientado a “Gestionar sosteniblemente los bosques, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras y detener la pérdida de biodiversidad”. Te propongo sumarte a este objetivo, adopta un bosque de tu entorno: conócelo, valóralo, implícate activamente en su protección y comparte con otros lo mucho que lo amas.

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