29042020_Resurrección

Amenazados de Resurrección

Compuesta para una Pascua en la ciudad, está canción ha ido llenándose de vida desde que la compuse en el año 2010. La potente expresión que le da título proviene de la carta que José Calderón Salazar, periodista guatemalteco, escribió a sus futuros asesinos, que le tenían amenazado de muerte. Lo podéis leer a continuación.

La invitación a través de esta canción es despertar nuestra mirada, también en medio de esta pandemia, a la infinidad de signos de Resurrección que, cerca y lejos, preñan el mundo de esta bella amenaza de Vida. 

Dicen que estoy «amenazado de muerte»… Tal vez. Sea ello lo que fuera estoy tranquilo. Porque si me matan, no me quitarán la vida, me la llevaré conmigo, colgando sobre el hombro, como un morral de pastor…

A quien se mata se le puede quitar todo previamente, tal como se usa hoy, dicen: los dedos de la mano, la lengua, la cabeza… Se le puede quemar el cuerpo con cigarrillos, se le puede aserrar, partir, destrozar, hacer picadillo… Todo se le puede hacer, y quienes me lean se conmoverán profundamente, y con razón.

Yo no me conmuevo gran cosa, porque, desde niño, alguien sopló a mis oídos una verdad inconmovible que es, al mismo tiempo, una invitación a la eternidad: «No temáis a los que pueden matar el cuerpo, pero no pueden quitar la vida».

La vida -la verdadera vida- se ha fortalecido en mí cuando, a través de Pierre Teilhard de Chardín, aprendí a leer el Evangelio: el proceso de la Resurrección empieza por la primera arruga que nos sale en la cara; con la primera mancha de vejez que aparece en nuestras manos; con la primera cana que sorprendemos en nuestra cabeza un día cualquiera, peinándonos; con el primer suspiro de nostalgia por un mundo que se deslía y se aleja, de pronto, frente a nuestros ojos…

Así empieza la resurrección. Así empieza no eso tan incierto que algunos llaman «la otra vida», pero que en realidad no es la «otra vida», sino la vida «otra»…

Dicen que estoy amenazado a muerte… De muerte corporal a la que amó Francisco.

¿Quién no está «amenazado de muerte?» lo estamos todos desde que nacemos. Porque nacer es un poco sepultarse también…

Amenazado de muerte. ¿Y qué? Si así fuere, los perdono anticipadamente. Que mi cruz sea una perfecta geometría de amor, desde la que puedas seguir amando, hablando, escribiendo y haciendo sonreir, de vez en cuando, a todos mis hermanos los hombres.

Que estoy amenazado de muerte… Hay en la advertencia un error conceptual. Ni yo ni nadie estamos amenazados de muerte. Estamos amenazados de vida, amenazados de esperanza, amenazados de amor…

Estamos equivocados. Los cristianos no estamos amenazados de muerte. Estamos «amenazados» de resurrección. Porque además del Camino y de la Verdad, es el de la Vida, aunque esté crucificada en la cumbre del basurero del Mundo…

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