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Maite González

Maite González

ANUNCIAR LA VERDAD

¡Houston, tenemos un problema, se llama Posverdad!

 

 

La creencia popular dice que la Boca de la Verdad se cierra sobre la mano de las personas mentirosas. Cuentan la leyenda la historia de un hombre romano que acusaba a su mujer de cometer adulterio. La mujer negaba las acusaciones, por lo que su esposo decidió someterla a una prueba con la Boca de la Verdad. Ella sabía que mentía y que perdería su mano por lo que planeó una estrategia. Un día, en un lugar muy concurrido, el hombre que era su amante se acercó a ella y la besó profundamente, ella fingió que no lo conocía y armó toda una escena donde se mostraba sumamente molesta por lo sucedido. Su estrategia dio resultado pues el día en que puso su mano en la Boca de la Verdad, ella afirmó que jamás había besado a otro hombre que no fuera su esposo y el sujeto que la besó unos días atrás. Ciertamente no estaba mintiendo y su mano se salvó, pero se dice que desde entonces La Bocca de la Veritá perdió su credibilidad y ya no funciona más como detector de mentiras.

Aun así, cientos de turistas se acercan cada día a la Boca de la Verdad en Roma, e introducen su mano en la enorme máscara de mármol con cierto temor de que se cierre pues, seamos sinceros/as, ¿quién puede presumir de no haber mentido en… los últimos 10 años?  ¿Quién no ha dado a entender ante los demás que los hechos eran de una manera a sabiendas de que no era cierto? ¿Quién comprueba la veracidad de los comentarios que van de “boca a boca” y que cuestionan a un amigo/a, compañero/a o familiar?

No darás falso testimonio contra tu prójimo.

Ex 20,16

El diccionario Oxford otorgó al término “posverdad” el título de la palabra más relevante del año 2016 con un uso referido a “las circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”.  La posverdad puede ser una mentira que se asume como verdad y que es reforzada en la medida que es compartida por un sector de la sociedad.

Pero ¿por qué permitimos que se construyan y difundan mentiras? ¿por qué damos credibilidad a lo que sospechamos que no tiene “visos de verdad”?  ¿qué circunstancias hacen que nuestra sociedad sea hoy más susceptible de “infectarse” con el virus de la mentira?

En los años 60 y 70 se consideraba la política como herramienta para transformar el mundo. En las primeras décadas del siglo XXI la desconfianza hacia la política provoca que muchas personas cambien su perspectiva y se sientan, como expresa el sociólogo argentino Carlos De Angelis, “capaces de construir sus propias verdades y creencias, sus propios dioses a medida”.

No os hagáis ídolos, ni pongáis imágenes o estelas, ni coloquéis en vuestra tierra piedras gratinadas para postraros ante ellas, porque yo soy Yahveh vuestro Dios.

Lv 26,1

Es cierto que la banalización de la mentira no es nada nuevo ni propio de este siglo. Bien podemos decir que es un vino viejo echado en un odre nuevo, es decir, algo antiguo ofrecido en un nuevo formato. Pero sí resulta novedoso cómo la posverdad, se ha ido acomodado en los medios de comunicación y, cómo va echando raíces en la sociedad. Y es que nos estamos acostumbrando a la mentira como una forma de pensar, de sentir, de vivir. Parece incluso que se acepta con mayor facilidad la mentira que la verdad.  En algunos sectores de nuestra sociedad, la verdad ya no renta, no vende e incluso molesta. Resulta preocupante esta actitud, este estilo de vida, pues es precisamente la verdad la que otorga la veracidad a las palabras y a las acciones, y, por ello, tiene un valor vinculado a la honestidad que genera confianza y seguridad en las personas.

Analizar los hechos objetivos, argumentar las evidencias, contrastar las informaciones, reflexionar, parecen verbos de otra época. Ahora lo que prima son frases cortas, breves, rápidas, pegadizas, eso sí, acompañadas de imágenes sugerentes que hagan brotar las emociones que “nublan” el pensamiento. En definitiva, estamos frente a una nueva melodía, un nuevo mensaje, con sus propias reglas.  En este contexto no interesa el espíritu crítico pues así es más fácil la manipulación, el engaño de aquéllos que están deseosos de creer lo que sea, los rumores infundados, las posturas extremas, las nuevas corrientes que se disfrazan de modernidad, la acción sin consecuencias. Y todo ello es semilla. Y la semilla dará fruto.

Por sus frutos los conoceréis.

Mt 7, 16

Y yo, creyente, ¿qué papel tengo ante la posverdad? Los creyentes estamos llamados a construir el Reino de Dios aquí y ahora. Tenemos una responsabilidad que nos impide mirar hacia otro lado, pasar de puntillas por el tema o desenfundar las gafas de sol. Debemos “edificar un mundo mejor en la verdad y en la justicia” (Gadium et Spes 55). Nuestro camino es un camino hacia la Verdad desde la Verdad. Quien ama la verdad se sentirá libre.  Y Dios es la fuente de la verdad.

Decía, pues, Jesús a los judíos que habían creído en él:  Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos  y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.

Jn 8,31

En este mundo de posverdad, nuestro reto es, sin duda alguna, anunciar la Verdad y denunciar la mentira.

 

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