A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

APRENDER A DORMIR… Y A SOÑAR. COMO SAN JOSÉ.

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Hay cosas que me quitan el sueño. He decidido soñarlas.

Seguramente no voy a ser capaz de hacerlo muchas veces, pero voy a intentarlo. Conozco a grandes soñadores que lejos de aislarse o deshacerse de los problemas, simplemente saben ponerlos en el lugar y el tiempo adecuado. Esas personas que pasan desapercibidas, que resuelven situaciones sin grandes aspavientos ni medidas de reconocimiento. Simplemente acogen la parte que ellos pueden poner en la vida ¡y la mejoran! Porque la cuidan, porque la sueñan. Y me recuerdan mucho a San José.

En el viaje que el Papa Francisco hizo a Manila el 16 de enero de 2015 habló, como otras veces, de su devoción por San José. La imagen de San José durmiendo que guarda en su habitación:

“Tengo en mi escritorio una imagen de san José durmiendo. Y durmiendo cuida a la Iglesia. Sí, puede hacerlo. Nosotros no. Y cuando tengo un problema, una dificultad, yo escribo un papelito y lo pongo debajo de san José para que lo sueñe. Esto significa para que rece por ese problema… A cada uno de ustedes, y de nosotros, porque yo también soy hijo de una familia, nos entregan un plan de Dios para llevarlo adelante … Pedirle a san José, que es amigo del ángel, que nos mande la inspiración de saber cuándo podemos decir sí, y cuando debemos decir no”.

 

Yo también tengo especial cariño a este santo, a este hombre bueno y lúcido, valiente, sencillo, soñador. Hoy le pido que me enseñe a soñar y, ¿por qué no?, ¡también a dormir!

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