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Ianire Angulo Ordorika

Ianire Angulo Ordorika

Arraigados

¿Hierbajo en un tejado o árbol junto a la acequia?

Seguro que habéis visto esas hierbitas que nacen en los tejados de algunas casas. Se trata de una efímera vida abocada a secarse, porque es complicado que sus raíces consigan los nutrientes necesarios para que se mantenga. Esta imagen me recuerda a otra que utiliza la Biblia. 

Cuando quiere dibujarnos cómo es una persona que se maneja en la vida como Dios quiere el primer salmo habla de un árbol plantado junto a la corriente de agua. Aunque haga calor y escasee la lluvia, se mantiene firme, recio y bien nutrido. Son sus raíces las que se mantienen húmedas ante la cercanía del agua y son capaces de abastecerle de todo cuanto necesita. Hacer de nuestra vida lo que el Señor sueña para nosotros nos convierte en ese “árbol plantado junto a la acequia, que da fruto en su sazón y su follaje no se marchita” (Sal 1,3). 

Nosotros podemos ser como esos hierbajos de los tejados, que se secan antes o después porque no pueden tener raíces fuertes y no encuentran la corriente de agua que les vivifica. Pero nuestra existencia está llamada a ser como ese árbol cuya fecundidad no depende de las circunstancias climáticas, ni de la gente que le rodea, ni de la suerte que haya tenido, ni de nada que venga “de fuera”. Es una “corriente interna” lo que le da vida por dentro, una fuente de agua de la que se alimenta y que le mantiene en pie aunque todo parezca ponerse en contra. 


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