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BIBLIANDO: «El imperativo de la alegría» por Ianire Angulo, ESSE

El imperativo de la alegría

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Cuando se acerca la Navidad parece que todos nos sumergimos en un “indefinido” espíritu navideño que nos hace llenarnos de buenos deseos. Sólo es necesario fijarse en los centros comerciales en estas fechas y en las calles de nuestras ciudades para caer en la cuenta de que la Navidad se ha convertido en una realidad “aséptica” que celebramos creyentes y no creyentes. Pero para quienes intentamos seguir a Jesús hemos de distinguir “por dentro” qué es lo que celebramos y vivimos en estos días. Recordar el anuncio del ángel a María con el que comenzó todo nos puede servir para situarnos ante la Navidad.

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Lc 1, 26-31

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Al sexto mes envió Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y, entrando, le dijo:

“Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”.

Ella se conturbó por estas palabras y se preguntaba qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo:

“No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo a quien pondrás por nombre Jesús”.

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Las experiencias importantes de nuestra vida son difíciles de contar y nos suelen faltar las palabras para expresar el sentido que tiene para nosotros. Ser llamados por el Señor para llevar adelante una misión que sólo uno puede realizar es una de estas vivencias y, para salir “en auxilio” de esta dificultad, el Antiguo Testamento emplea un “esquema” repetido. De este modo, quienes están familiarizados con este género literario, reconocen enseguida lo que se esconde tras las palabras y lo que no puede decirse con ellas. Este género es el que emplea el tercer evangelista para presentarnos la vocación de la madre de Jesús. El texto que tenemos delante es parte de un relato más amplio que nos permite intuir la experiencia vocacional de María.

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Hemos escuchado un montón de veces este pasaje del evangelio según Lucas. Incluso algunas frases de él forman parte de la oración fundamental a la Virgen que aprendimos desde pequeños… pero no sé si hemos caído en la cuenta de que todo comienza con un imperativo fundamental: “alégrate”. El anuncio de una complicada misión, ser madre del Hijo de Dios, se inaugura con el mandato de estar gozosa y llenarse de alegría. Más allá de las dificultades que supone su “peculiar” maternidad, que Dios esté cerca y que Jesús nazca es lo que justifica este imperativo que sirve de saludo.

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Cada uno de nosotros somos invitados también a hacer nuestra la vocación de María, especialmente cuando se acerca la Navidad. Y es que, aunque toda la sociedad parezca estar “contagiada” de felicidad en estas fechas navideñas, los creyentes compartimos ese imperativo de gozarnos que recibió María. Una alegría que no se consigue “por puños” sino que tiene su origen en el nacimiento de Jesús, en reconocer cuánto Amor nos tiene Dios, pues Él mismo se empeña en estar cerquita de nosotros y hacerse “uno de tantos” (Flp 2, 7). Pero ese gozo, que va más allá de los adornos y los regalos, nos compromete también a “darle a luz” en este mundo después de haberle gestado cuidadosamente en nuestro interior.

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Ianire Angulo Ordorika,  ESSE

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