Error en la base de datos de WordPress: [Table 'wp_8tamd.wp_ppress_meta_data' doesn't exist]
SELECT * FROM wp_ppress_meta_data WHERE meta_key = 'content_restrict_data'

BIBLIANDO: "Gente de Palabra" por Ianire Angulo, ESSE - Acompasando

Error en la base de datos de WordPress: [Table 'wp_8tamd.wp_ppress_meta_data' doesn't exist]
SELECT * FROM wp_ppress_meta_data WHERE meta_key = 'content_restrict_data'

A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

bibliandoener015

BIBLIANDO: «Gente de Palabra» por Ianire Angulo, ESSE

Error en la base de datos de WordPress: [Table 'wp_8tamd.wp_ppress_meta_data' doesn't exist]
SELECT * FROM wp_ppress_meta_data WHERE meta_key = 'content_restrict_data'

 

Cuando expresamos que alguien es “de palabra” estamos valorando su honestidad y que, cuando dice algo, lo lleva adelante. Pero, en creyente, al utilizar esa expresión estamos diciendo “algo más”… ¡y mucho más importante! El profeta Jeremías es el que mejor nos puede mostrar qué es lo que queremos decir:

.

Jr 1, 4-7.9

.

Entonces me dirigió Yahvé la palabra en estos términos:

“Antes de haberte formado yo en el vientre, te conocía, y antes que nacieses, te tenía consagrado: yo profeta de las naciones te constituí”.

Yo dije: “¡Ah, Señor Yahvé! Mira que no sé expresarme, que soy un muchacho”.

Y me dijo Yahvé: “No digas «soy un muchacho», pues adondequiera que yo te envíe irás, y todo lo que te mande dirás (…)”.

Entonces alargó Yahvé su mano y tocó mi boca. Y me dijo Yahvé: “Mira que he puesto mis palabras en tu boca”. 

.

.

Aunque muchos siglos nos separan de este profeta que vivió en Jerusalén en el s. VII a.C., podemos compartir con él lo que narra. Y es que hay vivencias que marcan la vida y cuya importancia apenas podemos expresar con palabras. Es lo que nos sucede cuando nos encontramos con Dios y lo mismo que le pasó al profeta Jeremías. Él descubrió “por dentro” que el Señor cuidaba de su vida desde antes de comenzar su historia y que, ya desde entonces, mantenía con él una relación única y especial. Hay cosas que quizá sabemos “de cabeza” pero que adquieren un peso muy especial cuando se nos caen al corazón y se nos convierten en experiencia. Es lo que sucede con el amor que Dios nos tiene: una cosa es “saber” que nos quiere y otra muy distinta “saborearlo”.

.

Lo curioso es que, de la mano de esta experiencia de amor incondicional, está también una misión. Jeremías escucha que desde antes de existir, ya le soñaba el Señor para que fuera quien hablara por Él ante los pueblos. ¡Llamado a hablar antes de saber hablar! ¡Buff! ¡Qué responsabilidad! ¿Quién se sentiría “a la altura” de tal tarea?

.

Seguro que a nosotros también nos ha podido esa sensación de “vértigo” ante una tarea que “nos queda grande”, por eso entenderemos bien que Jeremías ponga la excusa de la juventud. El término hebreo que utiliza para decir que es un muchacho no sólo expresa juventud, también tiene un sentido de incapacidad para saber y hacer, de falta de autoridad: ¿Quién soy yo para ser portavoz de las palabras de Dios? ¿Quiénes somos nosotros para anunciar a Jesucristo y su Evangelio? Seguro que compartimos con el profeta esa sensación de que la misión encomendada “nos queda grande” ¡es lo más normal! De hecho, cuando la Escritura nos presenta un relato de vocación siempre nos describe al protagonista poniéndole “pegas” a Dios. Pero estas “pegas” se disipan cuando el Señor toca los labios del profeta: no serán sus palabras sino las de Aquél que le envía y que Él mismo ha colocado en su boca.

.

Lo que nos urge a la misión no es que nosotros tengamos algo que decir, pues somos unos muchachos cuyas palabras no tienen autoridad ni valor. Lo que nos lanza con urgencia y valentía, es saber que es Dios el que nos envía y el que nos capacita para ello, poniéndonos su Palabra, que siempre es creadora de Vida, en nuestros labios y en nuestra vida (porque, sí, hay muchas formas de hablar… ¡y hay gestos que hablan más que mil discursos!). Eso sí, tendremos que estar muy atentos y atentas a escuchar constantemente su Palabra… ¡no vaya a ser que la confundamos con la nuestra!

.

.

Ianire Angulo Ordorika,  ESSE

COMPARTE ESTA ENTRADA

Share on facebook
Share on twitter
Share on pinterest
Share on print
Share on email