A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
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BIBLIANDO: «La Palabra que descansa» por Ianire Angulo, ESSE

A estas alturas del año estamos deseando tener un tiempo de vacaciones. El peso de lo cotidiano va haciendo mella en nuestra vida y necesitamos descansar, cambiar de actividades y dedicar más tiempo a todo eso que, con frecuencia, dejamos en un segundo plano. El buen tiempo, además, parece que anima a ello. La pregunta de “¿qué vas a hacer este verano?” se convierte en un tópico en estos días.

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La Biblia da testimonio con frecuencia de que el descanso es bueno y necesario. Es el mismo Dios quien, después de la obra creadora, se toma un día de reposo e inaugura así el sábado (Gn 2, 2-3). Lo que a nosotros nos pasa es que, con frecuencia, nos tomamos también vacaciones de la Palabra y la dejamos a un lado como si se tratara de algo “cansino” y no de una oportunidad para reposar el corazón y la vida. Vamos a fijarnos en estos versículos del evangelio de Marcos.

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Mc 6, 30-31.34

Los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado. Él, entonces, les dice: “Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco”. Pues los que iban y venían eran muchos y no les quedaba tiempo ni para comer. (…) Y al desembarcar; vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.

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Los discípulos de Jesús habían sido enviados por él a anunciar la Buena Noticia del Evangelio. Nos podemos imaginar la cantidad de historias que tendrían que contarle al Maestro después de sus andanzas. Al estilo de Jesús, habían hecho muchas cosas y enseñado mucho. Como nos sucede a nosotros a estas alturas del curso, el cansancio acumulado de tanto trajín hace que el Señor, que sabe bien lo que necesita cada uno, les invite a reposar el corazón, a acudir a un lugar tranquilo para poder recobrar las fuerzas perdidas ante tanta tarea. También nosotros necesitamos descansar, dejar a un lado las actividades que llevamos adelante, por muy buenas que sean, para dedicar un tiempo de calidad a sanar el corazón con Jesús.

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En medio de esta invitación al descanso, el mismo Señor se compadece de aquellas personas que “estaban como ovejas sin pastor” y se pone a enseñarles. Podríamos interpretar esto como si esas personas les “aguaran la fiesta” a los discípulos que, buscando un lugar tranquilo, se acaban viendo rodeados de gente. Pero yo creo que no va por ahí el texto, sino que esta acción de Jesús también nos muestra algo que puede ser importante en estos días: su Palabra nos descansa por dentro. La enseñanza que el Maestro regala a aquellas personas que le conmueven, tuvo también que esponjar el corazón de los cansados discípulos que le acompañaban.

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Si interrumpimos el trabajo o el estudio es para poder dedicar un tiempo más holgado a todas esas cosas que valen la pena, que nos hacen crecer y ser más personas, que nos permiten respirar al 100%, que nos oxigenan el alma… ¡Qué importante es tomarse unas vacaciones! Pero ni Jesús ni su Palabra son “una tarea” agotadora más. Todo lo contrario: estar con Él y acoger su Palabra nos ofrece un reposo que va mucho más allá del tan necesario dormir más, ir a la playa o disfrutar de las personas que queremos. Dedicar un tiempo a escuchar su Palabra con calma nos serena por dentro y nos capacita para volver a la tarea “con otro talante”… con el de Jesús.

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¿Te apuntas a reposar en Él? ¿Cómo vas a dejar que la Palabra te descanse este verano?

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Ianire Angulo Ordorika,  ESSE

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