MARIA

BIBLIANDO: «La vida se abre camino» por Ángel Ayala Guijarro

La vida se abre camino (Lc.1, 39-56)

 

La visita de la Vida encuentra a María dispuesta a ponerse en camino y salir al encuentro de la necesidad concreta que reclama su presencia.

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Nada más distante a un viaje resignado o una huida hacia adelante; el camino a la montaña de Judá ahonda los espacios interiores de María conectándola con la fuente de alabanza y bendición que manará generosa en el encuentro con Isabel.

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Asombrada y receptiva; sobrecogida, dichosa y viajera: en las antípodas de la comodidad autosatisfecha y de la atonía de los escépticos que se lamentan con el “nosotros esperábamos que éste fuera el libertador de Israel, y ya ves…” (Lc 24, 21),   María se recorta en los caminos de Israel como la Presencia adelantada de la vida que lucha por abrirse camino:

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  • En la sorpresa que comprueba con la primera luz del amanecer que las piedras han sido rodadas; Así, todas las que impiden el acceso a la Vida, las de la esterilidad anciana o las de la inexperiencia joven que hablan de oprobio y vergüenza ocultando su Cuerpo compartido, quedan rotas por tierra, envueltas en el aroma penetrante del perfume que ambas quieren derramar (Lc 7, 38).

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  • Por el luto quebrado, que trasforma el llanto de los pobres en canto de victoria; los oprimidos quedan libres y los ricos se marchan con las manos vacías: en el grito de Isabel que se alegra por la visita de María percibimos los ecos del de tantas otras que exultan por los pequeños logros que las acreditan como mujeres dignas de fe (Lc 24, 22-23).

  • Las distancias se acortan, y el que envía a Galilea a proclamar el señorío de Dios sobre su mundo (Lc 9, 1-2), se acerca a la sierra de Judá latiendo en el seno de su madre: haciendo saltar de gozo cuanto encuentra a su paso, anuncia que es posible vencer la muerte para siempre. La lejanía se torna encuentro y la mudez, alabanza, para manifestar que se ha cumplido el tiempo y que Dios mismo ha querido venir a visitarnos.

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  • Se subvierte definitivamente el orden de la historia y Dios toma la iniciativa, invitándonos a creer que es posible hacerlo todo nuevo. El tacto sanador del Viviente contagia su deseo de trasformar la realidad para convertirla en lo más parecido al sueño de Dios (Lc 4, 21).

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Los pasos de María apresuran la llegada del Reino que viene al compás de la historia, en su canto se escucha la voz de los pequeños, y su abrazo cálido y sincero refleja el saludo que nos regala Dios: el Dios de la pascua, amigo del encuentro, de la fiesta y de la vida.                               

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Ángel Ayala Guijarro, escolapio.

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