BIBLIANDO-RECETA-FEB17
Marifé Ramos

Marifé Ramos

BIBLIANDO: «RECETA PARA QUE TODO VAYA BIEN » por Marifé Ramos

 RECETA PARA QUE TODO VAYA BIEN

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Hace muchos años, dos vecinas del pueblo se plantearon cambiar; querían intentar, por todos los medios, que todo fuera bien en su vida…  y, a ser posible, en la vida de todo el pueblo.

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Se reunían cada día para reflexionar juntas, charlar y discutir sobre los posibles cambios.

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Después de mucho cavilar, una de ellas creyó encontrar la solución en el tarot. Decidió que le echaran las cartas y creyó que su vida cambiaría si se fiaba de lo que le mostraba una hilera de cartas.

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La otra recordó que la Biblia le había acompañado en su juventud y le había dado luz  en las situaciones difíciles que había atravesado. Entonces, se dio cuenta de que hacía mucho tiempo que no la leía. Hacía años que ni siquiera la había sacado de la estantería.

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Fue a por ella y la abrió por donde marcaba un recordatorio de su primera comunión.  Leyó un párrafo al azar:

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“Surgirá tu luz como la aurora, enseguida se curarán tus heridas…; clamarás al Señor y te responderá, pedirás ayuda y te dirá: “Aquí estoy”. Brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad será como el mediodía» 

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Sí, eso es lo que buscaba. Es como si hubieran adivinado su pensamiento.

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Ella deseaba que su vida se llenara de luz, porque sentía que las tinieblas habían entrado en su vida y se habían extendido por todos los rincones, como una niebla de invierno.

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Deseaba que cicatrizaran las heridas que le había causado la vida, porque el hecho de vivir con ellas le amargaba. Deseaba que la relación con Dios fuera como antaño, cuando charlaban en cualquier  momento, como dos viejos amigos.

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Pero ¿cómo podría hacer realidad el cambio que le anunciaba el profeta Isaías?

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Siguió leyendo ávidamente, buscando la respuesta. Y la encontró en los versículos que estaban a continuación:

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“Esto dice el Señor: «Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, 
cubre a quien ves desnudo y no te desentiendas de los tuyos…  Aleja de ti la opresión, el dedo acusador y la calumnia, ofrece al hambriento de lo tuyo y sacia al alma afligida…” (Isaías 58, 7-10) 

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Algo semejante a un escalofrío recorrió todo su cuerpo. Se dio cuenta, con toda claridad, que se había ido cerrando sobre sí misma. ¿Y si el profeta  tenía razón? Decidió cambiar. ¡Tenía que intentarlo!

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Años después, en su pueblo había un comedor social y un albergue. A través de varias manifestaciones y denuncias se habían conseguido importantes mejoras para el pueblo.

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También su vida había cambiado. Al preocuparse por las heridas ajenas, las suyas habían ido cicatrizando. La niebla había dado paso a la luz, y ahora veía a las personas y las situaciones con otra perspectiva.

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Decidió que no podía quedarse ella sola con el secreto. Escribió en un papel el texto de Isaías y añadió: “Con este receta todo va bien en mi vida… y un poco mejor en la vida del pueblo. ¡Anímate a probar y te sorprenderá el resultado!”. 

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Luego entregó una hoja a cada uno de sus vecinos. Y sintió que, con ese gesto, todo iría mejor todavía.

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