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BIBLIANDO: "Ser alegres mensajeros" por Ianire Angulo, ESSE - Acompasando

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A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

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BIBLIANDO: «Ser alegres mensajeros» por Ianire Angulo, ESSE

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En estas fechas le damos muchas vueltas al tema de la misión y lo primero que pensamos es en aquellas personas que dejan sus lugares de origen para ir a otras latitudes. A veces la cabeza se nos va a lugares lejanos en el espacio y a realidades muy diferentes a las nuestras, pero con frecuencia no tenemos presente que todos los bautizados somos invitados a vivir “en misión” y que esto no es cuestión de kilómetros sino de compartir una Buena Noticia. Así lo dice el profeta:

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Is 40, 9-11

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Súbete a un monte elevado, alegre mensajero para Sión;

clama con voz poderosa, alegre mensajero para Jerusalén.

Clama sin miedo; di a las ciudades de Judá:

 “Ahí está vuestro Dios”.

Aquí llega el Señor Yahvé con poder, su brazo lo sojuzga todo;

vedlo, su salario le acompaña, su paga le precede.

Como pastor pastorea su rebaño:

recoge en brazos los corderitos,

los lleva en su regazo y trata con cuidado a las paridas.

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Cuando nos dan una buena noticia estamos deseando contársela a todo el mundo, sobre todo a quienes queremos y sabemos que se van a alegrar con nosotros. Esta experiencia que todos hemos tenido es de la que habla este profeta del final del destierro babilónico (s. VI a.C.) que llamamos Deuteroisaías. Tras la expresión “alegre mensajero” se encuentra un verbo hebreo que tiene el sentido de dar buenas noticias y de cuya traducción griega viene la palabra evangelio. A veces se nos olvida que quienes hemos descubierto que Jesucristo es una buena noticia digna de ser proclamada a los cuatro vientos tenemos vocación de “alegres mensajeros”. Las “caras de funeral”, nuestras desesperanzas y los gestos agrios contradicen el evangelio más que cualquiera de nuestras palabras. ¿Pueden decir quienes nos rodean que vivimos como “alegres mensajeros”?

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Sólo haber experimentado en primera persona Quién es Dios nos puede convertir en esos alegres mensajeros. Cuando no conocemos “de oídas” su poder salvador, su paga siempre inmerecida y desbordante, su amoroso cuidado de Pastor… entonces “nos sale” de forma espontánea clamarlo desde toda altura y desear que todos los que se encuentren en nuestro camino hagan esta misma experiencia. A lo mejor nuestros cansancios y tristezas tienen que ver con que esa experiencia fundamental de gozo por cómo es Dios con nosotros está demasiado arrinconada, olvidada o escondida detrás de las preocupaciones diarias… ¿y si invertimos un tiempo en volver a nuestra fuente de la alegría?

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Pero ¿cuál es esa buena noticia que nos llena de alegría? ¿Qué es lo que tendríamos que gritar a todo el mundo desde las montañas más altas? Pues no se trata de grandes catequesis ni de discursos complejos… es una tarea más sencilla pero más importante: señalar dónde está el Señor. En medio de lo cotidiano las huellas de Dios parecen escondidas. Sólo quienes tienen una mirada capaz de descubrirle en la vida pueden reconocerlo y darle paso. Necesitamos “alegres mensajeros” capaces de decir “Ahí está vuestro Dios” donde nuestras miopías no nos permiten verle con nitidez. Personas que han “adiestrado” su mirada para advertir los rasgos del Señor ahí donde no todos pueden descubrirlo y, como los centinelas en medio de la noche, señalar llenos de alegría el paso salvador de este cariñoso Pastor.

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Ianire Angulo Ordorika,  ESSE

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