A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
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susurros

BIBLIANDO: «susurros de justicia» por Ángel Ayala Guijarro SchP

Sal 146 [145]

Susurros de justicia

.  

¡Aleluya!

¡Alaba alma mía al Señor!

Alabaré al Señor mientras yo viva,

tocaré para mi Dios mientras yo exista.

No pongáis vuestra confianza en los poderosos,

seres humanos que no pueden salvar;

exhalan su aliento, retornan al polvo,

y ese día fenecen sus proyectos.

Dichoso el que se apoya en el Dios de Jacob,

y pone su confianza en el Señor, su Dios,

que hizo el cielo y la tierra, el mar y cuanto contiene;

el Dios que mantiene por siempre su fidelidad.

Él hace justicia a los oprimidos, y da pan a los hambrientos.

El Señor da la libertad a los cautivos, el Señor abre los ojos a los ciegos,

el Señor levanta a los humillados, el Señor ama a los justos;

El Señor protege al emigrante, sostiene a la viuda y al huérfano,

pero trastorna el camino de los malvados.

¡El Señor reina por siempre,

Tu Dios, Sión, por todas las edades!

¡Aleluya!

 .

.

Sabía bien que  no debía pronunciarlo. La Torah, bendita sea, no dejaba lugar a dudas (Ex 20, 7); la invitación a vivir en el kidush Hashem, la reverencia y la alabanza del ser mismo de Dios, representado en su nombre, se había convertido con los años en sendero de dicha y bienaventuranza.

 .

–          ¿Cómo hablaremos entonces del Eterno a las generaciones futuras?

¿Cómo podrán nuestros hijos e hijas conocer cuanto ha hecho por nosotros si su nombre es semejante a la zarza a la que no podemos acercarnos?

 .

Su  mente bullía buscando las palabras para poder salir de aquél callejón sin salida, cuando de repente advirtió en el corazón el rumor de las antiguas melodías del templo: leolam adonai…  bendito el Señor por siempre…

 

–          ¡Amén! se dijo; por eso el Señor es nuestra Roca, porque su Palabra es firme y permanece para siempre, al igual que la tierra se asienta con solidez sobre sus cimientos,  más estable que cualquier vaivén que pueda acontecernos.

 .

…Así eres tú, oh Dios, con nosotros: grande y rico en ternura; el Único capaz de mantener la palabra dada por mil generaciones, en una alianza que dura por siempre.

 –

…Tu amor es fiel y fuerte, porque es un amor de verdad (emet), cierto e indudable, escapando a nuestra inconsistencia de seres de barro, incapaces de subsistir fuera de ti.

 –

¿Cómo podremos reconocerte, oh Señor? ¿Qué huellas nos dejas para rastrear tus presencias? Entonces tu grandeza sobrecoge en la libertad del preso, en el hambre saciada del hambriento; Tú, el  cobijo seguro de quien camina lejos del hogar y el regazo que acuna sosteniendo al humilde.

 –

Ahí te reconozco, en cada mano que estrecho para ensanchar tu pacto, en la luz que devuelvo cuando miro sin trampa los ojos de los otros, en el amor concreto que protege y que cura, en las fidelidades cotidianas en las que entretejemos el tapiz de lo humano.

He aquí mi manera de poder retornar tanto como recibo, con las voces de las que me acompaño,

 .

–          ¿Cómo podré cantarte?

.

Entonces Tú me dices:

 .

–          Susúrrame, en silencio, palabras de Justicia.       

.

 .

Ángel Ayala Guijarro SchP
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