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Marifé Ramos

Marifé Ramos

BIBLIANDO: «TENEMOS SEMILLAS DEL REINO » por Marifé Ramos

TENEMOS SEMILLAS DEL REINO 

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“A unos que le preguntaban cuándo iba a llegar el reino de Dios, Jesús les contestó: El reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí, porque el reino de Dios está dentro de vosotros” (Lucas 17, 20-21) 

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Ha llegado noviembre. En el suelo de los parques se han ido acumulando hojas muertas. Salvo que el cambio climático nos sorprenda,  los días soleados irán dejando paso al frío, la lluvia y la niebla. Además,  empezamos el mes recordando a nuestros difuntos. ¿Todo irá bien con este panorama triste, invernal?

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Todo irá mucho mejor si nos damos cuenta de la cantidad de semillas del reino de Dios que hemos recibido y que podemos cuidar y sembrar durante este mes.

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  1. Empezamos noviembre celebrando la fiesta de todos los santos. Su número es tan grande que no podemos recordarlos a lo largo de los 365 días del año. Los santos y santas escucharon atentamente a Dios a través de los signos de su tiempo, se enfrentaron a dificultades, experimentaron el miedo, tuvieron avances y retrocesos y se lanzaron a amar como quien se lanza a un abismo sin fondo.

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Por todo ello los reconocemos como nuestr@s herman@s mayores,  que nos enseñan y nos ayudan a caminar cada día,  en medio de todo tipo de dificultades.

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A estos santos “oficiales” tenemos que añadir los santos y santas anónimos, que nunca subirán a los altares pero son una nube de testigos que han vivido el Evangelio en su sencilla vida diaria. Recordemos a quienes han vivido a nuestro lado, en la familia, parroquia, comunidad, barrio, etc. y son una referencia en nuestra vida.

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Todo irá bien si recordamos que hemos recibido semillas de santidad que van creciendo poco a poco.  Aunque el proceso sea lento, es imparable. La meta no está en ocupar una hornacina de la iglesia, sino en crecer cada día en Amor.

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Que a lo largo del mes resuenen en nosotros, como una antífona, estas palabras del apóstol: “Sed santos en vuestra manera de vivir, como es santo el que os ha llamado” (1 Pedro 1, 16)

  1. La muerte,  la hermana muerte, nos ofrece su sabiduría. ¿Cómo cambiaría nuestra vida si nos quedaran pocas semanas de vida? ¿Qué problemas dejarían de serlo si ese fuera nuestro horizonte? ¿A qué daríamos realmente importancia en las relaciones humanas? ¿Cómo reorganizaríamos nuestra escala de valores para poder vivir con plenitud esas semanas?

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Esta es la sabiduría de la muerte. Nos ofrece unas “gafas” que nos permiten ver con claridad, porque a diario muchas situaciones nos deforman la visión: el agobio, la inconsciencia, la superficialidad o los enredos emocionales.

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Todo irá bien si este mes recordamos que tenemos vocación de eternidad; si dialogamos con la hermana muerte para expresar nuestros miedos y recibir su sabiduría, porque es criatura de Dios.

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Todo irá bien en el ámbito educativo si nos preparamos para saber elaborar el duelo y acompañar a los niños y niñas que viven la pérdida de seres queridos.

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  1. Este mes acaba el Jubileo de la Misericordia, pero no se acaba la invitación del Evangelio: “Sed misericordiosos como vuestro Abbá es misericordioso” (Lucas 6, 36). Ya no se realizarán ciertos eventos porque el campo ha quedado abundantemente sembrado a través de las publicaciones, celebraciones, congresos, etc.

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Todo irá bien si al cerrar este Año Jubilar somos conscientes de que hemos recibido semillas de misericordia porque estamos creados a imagen y semejanza del Abbá, que es pura misericordia. Todo irá bien si seguimos pidiendo en cada Eucaristía: danos entrañas de misericordia ante toda miseria humana.

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En medio del otoño-invierno nos damos cuenta de que llevamos en nuestro seno multitud de semillas del reino. Si las cuidamos y sembramos ¡brotará la primavera con toda su fuerza!

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