A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
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BIBLIANDO: «Una esperanza alegre» por Ianire Angulo, ESSE

Las palabras que se refieren a realidades importantes han sido muy maltratadas. Cuando hablamos del amor, la alegría o la esperanza cada uno entiende cosas muy distintas y a veces contradictorias. A descubrir rasgos de la verdadera alegría del creyente nos puede ayudar este texto de Pablo:

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Flp 4, 4-7

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Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres.

Que vuestra clemencia sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca.

No os inquietéis por cosa alguna; antes bien, en toda ocasión, presentad a Dios vuestras peticiones, mediante la oración y la súplica, acompañadas de la acción de gracias. Y la paz de Dios, que supera toda inteligencia custodiará vuestros corazones y vuestras mentes en Cristo Jesús.

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Ya sabemos todos que Pablo era un incansable evangelizador que, cuando no podía estar con las comunidades cristianas para animarlas y alentarlas, lo hacía por carta (claro, no tenía whatsapp). Por lo que dejan traslucir sus líneas, la relación que tenía con cada una de estas iglesias no era igual… y con la comunidad que vivía en Filipo, le unía una ternura y un cariño muy especial. Por sus palabras se intuye el afecto con el que se dirigía a esos cristianos. A ellos dirige estas recomendaciones que también nos vienen muy bien a nosotros.

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Pablo insiste en la importancia de estar alegres en el Señor, que Él sea el motivo de nuestro gozo profundo y no lo que sucede a nuestro alrededor. Se trata de un tipo de alegría que se mantiene como “poso” constante bajo las cambiantes circunstancias de las que se llena nuestra existencia. Pues bien, Pablo nos señala la “prueba del nueve” de que nuestra alegría es en el Señor y no en cualquier otra cosa: se demuestra en el modo en que nos relacionamos con los demás y en la forma en que nos enfrentamos a las dificultades.

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Justo después de animar a estar siempre alegres, el Apóstol pide que la clemencia sea una característica por la que nos reconozcan los otros. El término griego que se esconde detrás de este adjetivo tiene mucho que ver con la cortesía, la mesura y la flexibilidad. Vamos, que lo que demuestra este gozo no son la carcajada ni las bromas, sino un modo de tratar a los demás que resulta delicado y cuidadoso. De este modo, preguntarnos por cómo andamos de alegría podría también traducirse por plantearnos cómo somos de sensibles ante la realidad del otro, si somos capaces de reconocer en quien tenemos cerca a alguien digno de tratar con cariño… aunque no nos caiga bien.

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Pero junto a la clemencia, la otra “prueba” de que nuestro gozo es en el Señor tiene que ver con el modo en que abordamos las dificultades. Preocuparnos demasiado por aquello que nos acontece, que tememos o que no sabemos cómo encajar puede ser un síntoma de que no acabamos de creer que nuestra vida está en las Buenas Manos de Dios. La alegría que se arraiga en haber experimentado qué bueno es el Señor nos posibilita plantarle cara a las dificultades con “otro estilo”, con la confianza de quien pone todo de su parte pero tiene la certeza de no estar solo en esta lucha.

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La alegría que brota de experimentar que, como dice Pablo, “el Señor está cerca” encuentra su reflejo en el trato a quienes nos rodean y en la paz profunda ante las adversidades. ¡Que cultivemos esta alegre esperanza durante el adviento!

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Ianire Angulo Ordorika,  ESSE

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