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BIBLIANDO: "Una Palabra de Esperanza" por Ianire Angulo, ESSE - Acompasando

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A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

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BIBLIANDO: «Una Palabra de Esperanza» por Ianire Angulo, ESSE

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Is 7, 13-16

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“Dijo Isaías: «Escucha, pues, heredero de David: ¿Os parece poco cansar a los hombres, que cansáis también a mi Dios? Pues bien, el Señor mismo va a daros una señal: Mirad, una doncella está encinta y va a dar a luz un hijo, al que pondrá por nombre Emmanuel. Comerá cuajada y miel hasta que sepa rehusar lo malo y elegir lo bueno. Porque antes que sepa el niño rehusar lo malo y elegir lo bueno, será abandonado el territorio de esos dos reyes que tanto temes».”

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Seguro que hemos escuchado o leído en muchas ocasiones este texto del profeta Isaías, especialmente en Adviento o Navidad. Lo solemos interpretar “en cristiano” ya desde el mismo evangelio de Mateo, que ve en este pasaje la expresión de lo que sucede en realidad con el nacimiento de Jesús (Mt 1, 22-23). Pero, aunque también sepamos en fe que Jesucristo es el verdadero “Emmanuel” (que significa “Dios con nosotros”), este oráculo fue dicho en otras circunstancias y con otro sentido que también nos puede ayudar a vivir este tiempo litúrgico.

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Las palabras de Isaías se dirigen al rey Ajaz que gobernaba en el reino del Sur (también llamado Judá). Justo unos versículos antes de este pasaje se deja entrever la situación política que se estaba viviendo. El reino del Norte (o Israel) y Siria se estaban uniendo para enfrentarse a la amenaza de Asiria y, como Judá no quiso enfrentarse a tal imperio, pasó de ser posible colaboradora a convertirse en nueva enemiga de esos dos países en lo que se llama la guerra siro-eframita (734 a.C.). El caso es que el pobre Ajaz estaba muerto de miedo y no sabía muy bien qué hacer. Es en este contexto en el que el profeta Isaías le anima a no temer ante la amenaza de esos dos reinos sino a confiar sólo en Dios que es el único que nos da firmeza en nuestra debilidad (Is 7, 9).

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Lo curioso es que la señal que le profeta le ofrece a un rey que tiene muchos y fundados motivos para tener miedo es algo tan aparentemente insignificante como el nacimiento de un niño. El signo que tiene que hacer cambiar el temor por la esperanza es que una mujer va a dar a luz un bebé que les devolverá la certeza de que Dios está con ellos, tal y como expresa su nombre: Emmanuel. Antes de que el niño sea considerado adulto (y, por tanto, con capacidad para diferenciar lo bueno y lo malo) habrá desaparecido la amenaza que acecha a Ajaz.

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A veces, entre tantas “malas noticias” que llenan los periódicos y la actualidad cuesta mucho mantener la esperanza de estar en las Manos amorosas de Dios. Del mismo modo que el nacimiento de un niño era para este rey una “prueba” de la asistencia divina, también nosotros tenemos que educar la mirada del corazón para que no se nos pasen inadvertidos esos “guiños” que nos recuerdan que Él siempre está con nosotros. Algo pequeño, casi cotidiano se convierte, para quien confía, en la muestra del cuidado y la protección amorosa del Señor, que se empeña en actuar de modo discreto, desde abajo y desde dentro de la historia… hasta el punto de hacerse “uno de tantos” (Flp 2, 5-8). Así es el amor: discreto, sin aspavientos y tendiendo siempre a hacerse cercano.

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Ianire Angulo Ordorika,  ESSE

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