A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
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BIBLIANDO-FLORMARCHITA

BIBLIANDO: «Una Palabra que es firme y eficaz» por Ianire Angulo, ESSE

 

Ya dice el refrán que “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”. Lo desconocido nos descoloca, la incertidumbre nos desconcierta y preferimos saber el terreno que pisamos aunque este sea negativo. Nos pasamos la vida buscando seguridades que no siempre son tan firmes como quisiéramos. Una de las invitaciones de la cuaresma es, precisamente, preguntarnos sobre dónde sostenemos la vida.

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Is 40, 8

La hierba se seca, la flor se marchita, mas la palabra de nuestro Dios permanece por siempre. 

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Bajo el “paraguas” del profeta de Isaías se “esconden” tres libros distintos pertenecientes a tres momentos históricos dispares. Con este texto se inicia el DeuteroIsaías (Is 40–55) que se sitúa al final de la experiencia traumática del exilio babilónico. En el s. VI a.C. y después de casi cuarenta años viviendo en una tierra ajena a aquella prometida por Dios, el pueblo cuestionaba que el Señor siguiera ocupándose y preocupándose de él y había perdido toda esperanza de que las cosas cambiaran. El mensaje de consuelo que ofrece el profeta se recibe con sospecha y muchas dudas, porque ¿no se trata de palabras que se lleva el viento? ¿Lo que es “verdadero” no es la situación que se está viviendo en un país extranjero?

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A nosotros nos pasa un poco como al Israel de aquella época. Tenemos “el colmillo retorcido” y ya no nos creemos cualquier cosa por muy bonita que sea. Ya hemos vivido varias cuaresmas y sabemos que no siempre hay tanto cambio como quisiéramos. Preferimos fiarnos más de nuestra experiencia y de lo que tenemos ante nuestros ojos… antes que de la promesa de Dios de que Él nos cuida y nos bendice siempre, aunque no entendamos muy bien ni el modo en que lo hace ni lo que nos sucede.

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 En la Biblia la idea de “verdad” no es tanto lo contrario de lo “falso” como de lo “incierto”. La Palabra de Dios es lo único verdadero porque es firme, segura, no cambia ni depende de modas o temporadas. No pasa nunca y por eso se convierte en el fundamento sólido sobre el que apoyar nuestra existencia. Quizá la cuaresma sea una buena oportunidad para preguntarnos sobre qué realidad he edificado mi vida: ¿sobre lo que otros dicen de mí? ¿Sobre el cumplir las expectativas? ¿Sobre mis capacidades y posibilidades? ¿Sobre el situarme sobre los demás? ¿Sobre la seguridad que me da tener más que otros?…

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Y, cuando nos “pueda” la desconfianza de que algo en nosotros pueda cambiar, cuando nos sintamos impotentes ante nosotros mismos… vuelve a rescatarnos el Segundo Isaías:

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Is 55, 10-11

Como descienden la lluvia y la nieve de los cielos y no vuelven allá, sino que empapan la tierra, la fecundan y la hacen germinar, para que dé simiente al sembrador y pan para comer, así será mi palabra, la que salga de mi boca, que no tornará a mí de vacío, sin que haya realizado mi voluntad y haya cumplido aquello a que la envié. 

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 A lo mejor no damos crédito a las palabras de tantos “profetas” de hoy en día que siguen gritando que el Señor nos cuida y se ocupa de nuestra vida a pesar de lo que diga el FMI, el número de parados y el IBEX 35. Puede ser que la cuaresma la vivamos como “otra más”, o que reconozcamos que no nos apoyamos en lo único firme sobre lo que vale la pena construir nuestra existencia (cf. Mt 7, 24-25) y que, aunque quisiéramos, “no nos sale” otra cosa… Pero esa Palabra, que es firme, se empeña en ir calando poco a poco en nuestro corazón y sin que sepamos muy bien cómo ¡dará su fruto!

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Ianire Angulo Ordorika,  ESSE

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