BUSCANDO: «¡Alégrate!» por José Ángel Beltrán

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“La alegría del evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús”, con estas palabras comienza el Papa Francisco la “Evangelii gaudium” recordándonos que la alegría está en el centro del mensaje de Cristo y de la vida cristiana.

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Si hablamos de vocación no podemos dejar de hablar de alegría. La alegría constituye y da forma a la vocación a la que Dios nos llama a todos y a cada uno de nosotros. Dios nos quiere felices, nos llama a ser felices y a vivir una vida en plenitud (cf. Jn 10, 10) en la que sepamos disfrutar de todo lo recibido y en la que sepamos transmitir la alegría profunda de su “buena noticia”.

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Es cierto que en el camino personal de cada uno el conflicto y el sufrimiento jugarán un papel  importante. La vida está llena de sinsabores y desesperanza pero es precisamente el encuentro personal con Jesús uno de los mayores motivos para la alegría. Este “Dios encarnado” del que ya hemos hablado es el mismo cuando sufre que cuando celebra. Su gozo, su paz, su mensaje que es capaz de tocar el corazón y movilizarnos sacando lo mejor que Él ya ha puesto dentro de cada uno, su alegría contagiosa que llena de dicha a los que le rodean y “se dejan hacer por Él”… todo es fruto de este encuentro personal que constituye el acontecimiento central de nuestra fe… de nuestra vida.

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La Pascua representa muy bien esta situación al hacernos conscientes de un mensaje que se encarna en la realidad con todas sus consecuencias pero que es capaz de vencer el pecado y la muerte con la fuerza del Amor. Sí, Cristo ha resucitado, su Amor por el mundo es más fuerte y más grande que el pecado. Su resurrección nos trae la paz y la alegría no solo como una promesa escatológica sino como una fuerza capaz de transformar nuestra vida hoy, aquí, ahora.

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Tanto si estamos en búsqueda de la vocación a la que Dios nos llama, como si lo que hacemos es afianzarnos en la vocación recibida, la alegría es una señal segura que indica el camino correcto. Cuando Dios llama despierta en nosotros el deseo más íntimo, su llamada es fuente de gozo, de tal manera que no sólo es capaz de suscitar alegría en uno mismo sino que esa alegría se contagia a todos los que nos rodean.

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Por supuesto que la búsqueda vocacional no está exenta de problemas, tenemos muchas resistencias para dejarnos hacer por Dios y estamos aferrados a muchas cosas en las que buscamos la felicidad… pero solo Dios colma el corazón, y cuando nos dejamos vencer por Él descubrimos la dicha que nos tiene ya preparada como camino personal.

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Así que si quieres vivir vocacionalmente… busca, escucha y… ¡ALÉGRATE!

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Para este mes:

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palabras:

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“Alégrate”… ”todo es posible para Dios”… ”vidas multiplicadas por el Amor”

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Palabra:

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«Estad siempre alegres en el Señor, os lo repito estad alegres” (Flp 4, 4-5)

  • ¿Qué motivos tengo yo para la alegría?
  • ¿Es mi relación con Dios fuente de alegría para mí?
  • ¿La vocación a la que Dios me llama me llena de alegría?
  • ¿Cómo transmito a los demás la alegría del evangelio?

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José Ángel Beltrán

@tharatar

 
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