BUSCANDO: «Conversión» por José Ángel Beltrán

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Tiempo de cuaresma, este camino que la Iglesia nos propone cada año como preparación a la experiencia gozosa de la resurrección. Un tiempo explícitamente “vocacional” que nos invita a profundizar en nuestra relación con Dios y con los hermanos.

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Cada año resuena para nosotros ese magnífico inicio del evangelio de Marcos que nos anuncia la buena noticia que todos estamos esperando: “el tiempo se ha cumplido, el Reino de Dios está cerca. Conviértete y cree en el evangelio” (Mc 1, 15)

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La vocación está íntimamente relacionada con esta triple experiencia a la que se nos invita:

Por un lado el asombro, la expectación, la alegría de algo insospechado que se descubre como anhelo del corazón y como promesa de Vida (“el tiempo se ha cumplido, El Reino de Dios está cerca”). La vocación siempre despierta en nosotros esa pasión de la que hablábamos el mes pasado y nos lleva a redescubrir la novedad de la Vida que se nos propone. Nos pone en “estado de alerta” ante una propuesta que toca directamente nuestros más íntimos deseos y aspiraciones.

Por otro lado un imperativo que condiciona nuestra respuesta: “¡Conviértete!”… cambia de vida, renueva tus sueños, tus opciones, tu manera de mirar y hacer las cosas… transfórmate a semejanza de Aquel que te convoca. La vocación es una llamada a la plenitud y para vivir así hay que “soltar lastre” y afianzar las opciones que fundamentan la propia vida. Dedica tiempo a profundizar en ti mismo, hazte las preguntas importantes: ¿qué sentido tiene mi vida?, ¿para qué o para quién nací?, ¿a quién quiero entregarme?…y date tiempo y espacio para poder responder con verdad. La vocación necesita “hondura” personal para poder afianzarse y crecer.

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Y finalmente “¡Cree en el evangelio!”… apoya tu vida y tu entrega en la Palabra de Otro que es más grande que tú y que te convoca… pon tu esperanza más allá de tus propias fuerzas o capacidades y confía en un Amor que es más fuerte que la muerte… descansa en las manos de un Dios que tiene sobre la humanidad y sobre ti mismo un destino amoroso. La vocación no es un reto para unos pocos héroes sino una invitación a la humildad, a la sencillez de corazón, a la limpieza en la mirada, a la capacidad de reconocerse “pequeño” y “dejarse hacer y convocar por un Dios que es grande en el Amor.

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Para este mes:

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palabras:

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“En lo profundo no hay nada que no sea sorprendente”… bucea en tu propio interior, descubre la belleza que te habita, disfruta de la “pequeñez” ante un Dios que es más grande que cualquiera de nuestras preocupaciones, miedos y dudas… “entra en relación”

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Palabra:

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«Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro, para que se vea que esta fuerza procede de Dios y no de nosotros» 2 Co 4, 7

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  • ¿Qué significa para mí “convertirme”?
  • ¿Qué tengo que cambiar en mi vida para vivir la vocación a la que Dios me llama?
  • ¿Dedico cada día tiempo para “profundizar” en mi relación con Dios?
  • Analiza tu relación con Dios. ¿soy barro “moldeable” en sus manos, o mi vida presenta demasiadas “resistencias” a su acción en mí?

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José Ángel Beltrán

@tharatar

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