A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
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BUSCANDO: «decidir» por Juan Carlos Monroy, cmf

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En los primeros siglos de la Iglesia, los Concilios locales tuvieron que tomar una determinación: el catecumenado para ser bautizado no podía demorarse más de dos años. Y es que los catecúmenos posponían su bautismo sin concretar fecha alguna. Así evitaban tener que asumir los compromisos del bautizado (que entonces se tomaban con mucha seriedad) y se prolongaba una situación en la que se era atendido por los catequistas, que estaban pendiente de su proceso, a la vez que se era bien considerado por estar realizado este camino de fe.

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Este mal espiritual se repite en todas las generaciones y en muchos procesos espirituales. Cuando buscas se te abre un mundo de posibilidades, ciertas personas y esto mismo que estás leyendo están pendientes de ti y te ofrecen su ayuda, a la vez que se te valora por tu actitud abierta de búsqueda.

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Pero no tomas una decisión. Decidir genera estrés. Desata temores.

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Así que no pocos “prolongan” innecesariamente su búsqueda, permanecen en esa dulce “tierra de nadie”, no tienen que afrontar las inseguridades de una decisión, y disfrutan de una atención sin tener que asumir las obligaciones que derivan de un compromiso.

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Conozco a varias personas que han bailado con este mal espiritual. Y conozco a una que lo afrontó: María de Nazaret.

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Tras unas cuantas preguntas para aclararse en su búsqueda y resolver algunas dudas, dió el paso: “Hágase”. Está decidido. Se embarca en la aventura de Dios. Con inseguridad, con temores, con oscuridades, pero con el discernimiento suficiente.

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Una palabra te es dada: decidir. Hágase.

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  • Una palabra “a ti que estás sentado en tu sillón” (brotes de olivo):

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  •   Una Palabra te es dada

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≪el que había recibido un talento, dijo:

“Señor, yo sabía que eres un hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste, y tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; mira, aquí tienes lo que es tuyo”.

Pero su señor respondió, y le dijo:

“Siervo malo y perezoso…”≫       (Mateo 25, 25s)

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Juan Carlos Monroy CMF