BUSCANDO: EL CENTRO DE LA DIANA. Por Santi Casanova

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EL CENTRO DE LA DIANA 

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Una de mis mejores amigas practicó durante un tiempo el tiro con arco. Situar bien las manos, coger bien el arco, apuntar adecuadamente, tensar bien y soltar la flecha. Todo con el objetivo de alcanzar la máxima puntuación clavando la flecha en el centro de la diana. Siempre le he dado mucho mérito.

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Llega la Cuaresma y ¡qué bien! ¡Estamos invitados a un ejercicio parecido al que practicó mi amiga durante años! Apuntar al centro. En el fondo, entre morados, sonidos de tararú, cofrades y olor a Semana Santa, la Cuaresma no es otra cosa que una profunda sugerencia: acertar en el centro de la diana. Lo más curioso de todo ello es que es una diana de doble cara.

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Por un lado, tienes cuarenta días, comenzando desde el Miércoles de Ceniza, para llegar al centro de la misión y el mensaje de Jesús de Nazaret. Más allá de Belenes, Galileas, milagros y curaciones, toda la vida de Jesús y todo el centro de su predicación sobre el Reino de Dios se concentra de manera intensa en su Muerte y su Resurrección. Ese es el centro. Cada día hacemos camino con Él, como aquellos apóstoles camino de Jerusalén, entre dudas, sorpresas, entusiasmos y decepciones. Ahora llega el momento de entrar en lo hondo y enterarnos de una vez por todas que se nos llama a amar sin miramientos. No hay otro camino ni otra Palabra. Un amor que nos lleva a darnos, a vaciarnos, a entregarnos. Todo va a estar bien si miras de frente a esta experiencia de cruz y resurrección que sucede cada día en el mundo que te rodea.

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Por otro lado, tienes cuarenta días para poner tu corazón en el centro de la diana y dejar que sea alcanzado por la certera flecha del amor infinito de Dios que ya te ha amado, que ya te ha salvado, que ya te ha ganado para el Paraíso definitivo. No depende de ti. No depende de lo que hagas. No depende de tus logros. No depende de tus méritos. No depende de tus capacidades. No eres examinado, me oyes. Lo vuelvo a repetir: al cielo no se entra aprobando un examen sino dejándose rescatar, dejándose elevar, dejándose perdonar, dejándose recomponer, dejándose curar, dejándose amar. Esto no tiene nada de sencillo. Si Dios supiera esto y lo otro y aquello que a nadie cuento… qué vergüenza me daría mirarlo a la cara… Todo está bien YA. El regalo ya te ha sido dado. Acéptalo, acógelo y disfrútalo. Vive sabiendo que todo ya ha sido consumado en la cruz y en la tumba vacía del Señor.

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No desaproveches la ocasión. Apunta y déjate alcanzar. Sin miedo. En el centro está el secreto. Es hora de desvelarlo y de poner toda nuestra vida orientada a ese lugar pequeño en el que, sin embargo, se consigue “la máxima puntuación”.

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Un abrazo fraterno –

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Santi Casanova

@scasanovam