BUSCANDO: «guardar… compartir… anunciar…» por José Ángel Beltrán

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GUARDAR… COMPARTIR… ANUNCIAR

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Al amparo de María, hemos  disfrutado de la experiencia de la pascua. Al igual que María nuestra búsqueda vocacional queda muchas veces “guardada en el corazón”, ceñida a la experiencia de intimidad que ya hemos comentado en otras ocasiones y dejada al calor de una fe que se acrecienta en la alegría de lo recibido y en la confianza de lo que no se entiende aún o de lo que está aún por venir.

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Todo forma parte de esta maravillosa historia que Dios quiere hacer con cada uno de nosotros: la sorpresa del primer encuentro, la alegría de saberse elegido, las dudas de las opciones radicales, la dificultad de mantenerse en lo cotidiano… todo es búsqueda, todo es camino, todo es don.

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Vocacionalmente la venida del Espíritu Santo en Pentecostés y la manera en la que nos es entregado, marcan otro hito imprescindible si queremos entrar en este dialogo que Dios nos propone.

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Hemos hablado ya en otras ocasiones de la importancia vocacional de los dones recibidos por cada uno, centrémonos ahora en la experiencia de la fraternidad como “sustento y motor” vocacional.

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La experiencia de la comunidad es, sin duda, otro signo vocacional que nos ayuda a discernir si estamos respondiendo o no al querer de Dios. Dios llama siempre personalmente, pero nos convoca y nos envía en comunidad. La llamada (y nuestra respuesta) se juega en ese vis a vis entre Dios y cada uno, pero es la comunidad la que verifica y sostiene las opciones tomadas. Por eso la experiencia de pentecostés es tan importante en nuestro camino vocacional. Saberse “convocado” junto a otros y junto a otros recibir la fuerza del Espíritu y el envío a la misión.

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La fraternidad no es opcional, ni es un “añadido” en nuestra vocación, sino que configura nuestro propio ser si queremos vivir la vida vocacionalmente. Ontológicamente estamos “creados para el encuentro” y por eso mismo “ser hermanos” es la experiencia que más nos acerca a “ser uno mismo” y a una respuesta vocacional según el querer de un Dios que siempre nos convoca al encuentro. Un encuentro que, si es verdadero, siempre estará teñido de la riqueza personal que Dios nos ha regalado a cada uno.

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Así pues seguimos caminando y buscando… guardando en el corazón todo lo recibido y compartiéndolo en comunidad… y anunciando gozosamente la alegría de un evangelio que se manifiesta en cada uno según los dones recibidos.

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Para este mes:

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palabras:

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“Ven Espíritu… y reparte tus dones”

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Palabra

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«Todos quedaron llenos del Espíritu Santo” (Hch 2, 4)

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  • ¿Qué “guardo en mi corazón”?
  • ¿De qué manera influye la comunidad en mi vocación?
  • ¿Cuáles son “los dones” que he recibido de Dios?
  • ¿Cómo transmito yo la buena noticia del evangelio?

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José Ángel Beltrán

@tharatar
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