A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
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BUSCANDO: «no encontrado» por Juan Carlos Monroy, cmf

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A veces se realizan búsquedas con sumo cuidado e interés, poniendo toda la ilusión y el esfuerzo, con la seguridad de que vamos a encontrar lo buscado y poder desenvolvernos como hemos imaginado.

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Y de pronto nos damos cuenta que, no sólo no encontramos lo que buscábamos, sino que ni siquiera es posible encontrarlo. Nunca lo íbamos a encontrar.

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Puede ser una experiencia muy frustrante, más si nos hemos preparado a conciencia y hemos hecho esfuerzos notables, a veces arriesgando cosas.

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En realidad, la solución en no pocos de esos casos no es complicada, pero el que busca no tiene ni idea de ella.

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La Palabra nos ilumina (Marcos 16, 1-6):

Cuando pasó el sábado, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé compraron especias aromáticas para ir a ungir el cuerpo de Jesús. Muy de mañana el primer día de la semana, apenas salido el sol, se dirigieron al sepulcro. Iban diciéndose unas a otras: «¿Quién nos quitará la piedra de la entrada del sepulcro?» Pues la piedra era muy grande.

Pero al fijarse bien, se dieron cuenta de que estaba corrida.  Al entrar en el sepulcro vieron a un joven vestido con un manto blanco, sentado a la derecha, y se asustaron.

 —No se asusten —les dijo—. Ustedes buscan a Jesús el nazareno, el que fue crucificado. ¡Ha resucitado! No está aquí. Miren el lugar donde lo pusieron.

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Estas mujeres madrugaron, antes se habían aprovisionado, prevén cómo solventar las dificultades… y no encuentran a Jesús. No está. Su búsqueda, y todo lo que han hecho, ha sido inútil.

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¿Por qué? Han cometido un grave error de apreciación. La Palabra sigue iluminando (Lucas 24, 5-6):

–       Por qué buscan ustedes entre los muertos al que vive? No está aquí; ¡ha resucitado!

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Las mujeres buscan a Jesús, pero lo conciben como un cadáver, preparan aceites para ungir un cadáver, van al sepulcro donde está sepultado. Han cometido un grave error de apreciación: Jesús no es un muerto y por tanto no se le encuentra en un sepulcro ni necesita ungüentos para embalsamarle. El error en su concepción les hace trabajar infructuosamente. El evangelista San Juan nos presenta a María Magdalena llorando por no haber encontrado a Jesús, a su cadáver.

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San Antonio María Claret quiso ir a vivir a una Cartuja porque se sentía llamado por Dios. Cometió un error de apreciación: no era la Cartuja el lugar donde debía ser consagrado.

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¿Cómo salir del error en la apreciación para re-enfocar la búsqueda? Con frecuencia, Dios mismo nos ayuda con algunas señales, no siempre fáciles de apreciar.

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Claret se encontró con una tempestad que le impedía avanzar y que le enfermaba. Entonces se preguntó si es que no quería Dios que fuese a la Cartuja ¡y acertó!

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Las mujeres se encuentran a unos mensajeros de Dios que le sacan de su error y les enseña a buscar adecuadamente (Marcos 16, 1-6):

–       Vayan a decirles a los discípulos y a Pedro: “Él va delante de ustedes a Galilea. Allí lo verán, tal como les dijo.”

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Los mensajeros de Dios corrigen su búsqueda: que no le busquen muerto en el sepulcro sino vivo en Galilea.

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En cualquier caso, SIEMPRE hay que contrastar con una persona versada en los caminos del Espíritu. Aquí las mujeres son llamadas a contrastar con Pedro y los demás, Claret acudió a un director espiritual para ver cómo debía buscar. A un director espiritual le resulta más sencillo que a uno mismo darse cuenta del error de apreciación.

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Aprende a no buscar donde no se encuentra. A buscar donde sí se encuentra.

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Juan Carlos Monroy CMF