A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

BUSCANDO: «Novedad» por Juan Carlos Monroy, cmf

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Estrenamos nuevo año con una nueva palabra para tu búsqueda: Novedad.

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Cuando buscas, esperas encontrar algo nuevo. Cuando la novedad aparece, se despiertan en ti dos sentimientos que “contaminan” tu búsqueda:

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  • el deseo: Deseas encontrar “algo” que te llene, y eso mueve tu búsqueda. En ese “algo” aún desconocido, proyectas todas tus frustraciones actuales; lo imaginas como algo perfecto.

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El deseo es bueno porque te desinstala y genera la búsqueda; pero idealizar el resultado te lleva a decepcionarte con todo lo hallado, incluso cuando has encontrado lo que realmente necesitas.

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Lo “ideal” no existe en esta vida, todo tiene sus limitaciones. Es necesario asumir la “humanidad” de lo hallado, su realidad: en ella está lo que necesitas.

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  • el temor: Buscas porque en lo que ya tienes no encuentras lo que necesitas, lo hallarás en algo que será nuevo para ti. Eso “nuevo” es algo desconocido, lo viejo es bien conocido. Lo conocido transmite sensación de seguridad, en lo desconocido se siente inseguridad. Esa inseguridad, ese temor es positivo en su justa medida, porque te hace ser prudente, valorar el riesgo que supone, apostar tras haber sopesado las cosas. Pero si el temor te invade y se convierte en miedo a lo desconocido, entonces te paraliza, te impide abordar nuevas vías, una de las cuales puede ser la tuya, la que estabas buscando; te sepulta en lo conocido, en lo que puedes controlar. El temor hay que mantenerlo a raya, un cierto riesgo hay que asumir.

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Al respecto, mira lo que dijo el Papa Francisco en la beatificación de Pablo VI:

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“La novedad perenne que hemos de redescubrir cada día, superando el temor que a menudo nos atenaza ante las sorpresas de Dios.

¡Él no tiene miedo de las novedades! Por eso, continuamente nos sorprende, mostrándonos y llevándonos por caminos imprevistos. Nos renueva, es decir, nos hace siempre “nuevos”

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Y ahora, la Palabra siempre nueva: la de Jesús en Mateo 9, 16-17

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“Nadie pone un remiendo de tela nueva en un vestido viejo; porque el remiendo al encogerse tira del vestido y se produce una rotura peor. Y nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque entonces los odres se revientan, el vino se derrama y los odres se pierden; sino que se echa vino nuevo en odres nuevos, y ambos se conservan.”

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Termina escuchando esta invitación:

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Juan Carlos Monroy CMF