ciencia y resiliencia. Por Josefer Juan

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Ciencia y resiliencia

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Mucho me temo que vemos la ciencia como magia, muy poco vinculada a lo humano. Que llega sin más, con aplicar dos o tres reglas. De modo que la investigación sería muy similar a conjuros y su efectividad estaría fuera de toda duda. Pero lamento decir que no es así, ni se parece. Quizá el fallo esté en cómo se presenta en la escuela, en los medios, y la poca profundidad con la que se habla de la exigencia de la investigación.

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Lejos de todo esto se encuentra la exigente y cotidiana realidad del científico, del investigador que dedica horas y horas diarias a su tarea, intuición, y en no pocas ocasiones se enfrenta al fracaso. Por decirlo de forma suave, no toda investigación termina en buen puerto. Es más, podríamos decir sin temor a equivocarnos que se trata más bien de lo contrario: de hacer cientos de pruebas hasta encontrar lo que se busca, de modo que en cierta manera el error entra dentro del mismo método científico.

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Para ello, la preparación del investigador no puede reducirse al campo intelectual y de los conocimientos. Debe estar preparado, trabajar en equipo, soportar con paciencia la lentitud de los tiempos, seguir soñando con ilusión, porque es el auténtico motor, y superar los contratiempos. A lo que añadiría, dada la coyuntura que vivimos, que en una labor tan poco cuidada por la administración, soportar la presión del resultado, de la necesidad de acierto, de la búsqueda de la verdad supeditada con tanta frecuencia a la burocratización y publicaciones obligadas.

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Conversando con un amigo y una amiga, que están directamente en el ajo sobre este asunto, trabajamos casi sin saberlo el tema de la resiliencia. Aquí comparto algunas de sus conclusiones, que bien pueden valer para tantos otros:

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  1. Frente a la sociedad del acierto, cultivar el aprecio por el camino hecho, por el mismo proceso. Porque ciencia es método, trayecto en un horizonte. Paso a paso. ¡Cuánto bien nos haría incorporar este cariño por caminar, en lugar de aplaudir sólo a quienes llegan a la meta! Mucha ciencia, mucha cultura, mucho arte y conocimiento se apoya en investigaciones e iniciativas previas que no llegaron a buen puerto. Ellos, los que fracasaron aparentemente, abrieron camino e hicieron que se creyera en lo hasta entonces imposible.
  2. Frente a las presiones del éxito, el universo de la propia vocación. Abocados como están a convivir con las reglas de las estructuras administrativas, no pueden perder la razón, el motivo por el que son lo que son. Trabajaron duro, se formaron con enorme exigencia, amaron lo que iban a hacer antes de poder dedicarse a ello. Lo suyo ya es una conquista, su gran logro. Estudiar e investigar con auténticas motivaciones humanas, universales, y no al servicio de no sé qué otras estructuras. Lo suyo es personal, lo suyo es original. ¡No permitir que el corazón se atrofie ni olvide lo esencial!
  3. Frente a la soledad del nombre, la constante de la relación y el equipo de colaboración. Ninguna investigación, lleve el nombre de quien lleve, es suya en exclusiva. En su tarea resulta fundamental la cooperación, el contacto. No son máquinas, son personas. El conocimiento hoy se crea en comunidad. Y es precisamente la comunidad, dadas las exigencias y los fracasos, la que soporta el peso real del avance y de la creación de nuevos horizontes. En diálogo, con un diálogo que trasciende lo profesional. Siempre hay alguien que está mejor, que puede calmar, dar paz, recordar los ideales por los que se trabaja. ¡Este vínculo es connatural a la ciencia hoy!
  4. Frente a la tentación de la reducción, que proviene incluso de dentro de la misma ciencia, apertura de nuevos horizontes. Según parece, no todo queda bien. Quien empieza no puede hablar de cualquier manera, tiene que cumplir con los requisitos que le exigen “pensar” en una dirección. Ellos, en su diálogo, se mostraban preocupados por la cerrazón de ciertas ilustres mentes, sin embargo aplaudían la apertura que se percibe en nuevos horizontes científicos, más humanos, más cordiales, más atentos a las preocupaciones y problemas reales en lugar de las necesidades de las industrias del ramo. ¿Quién decide, se preguntaban, qué es interesante investigar y desarrollar? ¡También aquí hay un enorme conflicto, que no pocas veces resulta empobrecedor, un fracaso adelantado de su tarea casi al empezar!

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Felicito a todos estos científicos, cuyo carácter y vocación impulsa su tarea. Y convierten esos resultados imprevistos en oportunidades para seguir adelante, descubrir nuevas cosas, seguir investigando y buscando la verdad como un verdadero servicio a las personas, a las sociedades, a las culturas, a quienes más lo necesitan.

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José Fernando Juan

@josefer_juan