A veces una cárcel, te da la libertad

portada libro cinco panes y dos peces
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Una historia extraordinaria

Por casualidad, cayó en mis manos esta pequeña joya. Se trata del testimonio del obispo y cardenal vietnamita François Xavier Nguyen Van Thuan. Fue encarcelado por el gobierno comunista de su país en 1975 durante nada más y nada menos que 13 años, 9 de los cuales, en completo aislamiento. El autor escribió este libro – junto a otros dos – en cautividad y tiene como fin enseñarnos a reconocer a Dios en la oscuridad, a saber aceptar su voluntad y a reflexionar sobre cómo afrontar la soledad. A partir de él, han salido a la luz diferente biografías sobre su vida, pero este breve librito ni es una novela, ni un ensayo, ni un testimonio en sí: es un libro que nos enseña a orar y a pensar.

Es un texto carente de cualquier intención política, tan sencillo como profundo y escrito para que cualquier persona lo pueda leer. Como un cirujano con su bisturí, nos muestra el corazón de esa verdadera Iglesia con la que nos identificamos la mayoría de los creyentes. Nguyen Van Thuan no critica nada, no señala nada, solo nos muestra lo esencial, allí, en el fondo, donde a veces cuesta llegar, atravesando un cuerpo con demasiadas epidermis de hipocresías, tristes humanidades, egoísmos y obcecaciones. Muchos de los que viven alejados de la Iglesia lo hacen porque no pueden llegar con el bisturí del vietnamita a lo esencial y extraordinario del encuentro con Dios.

Nguyen Van Thuan comprende que debe escribir como San Pablo desde prisión y, clandestinamente, a oscuras y sin medios, utiliza las noches para ello cuando puede. Lo hace desde la humildad, sabedor de que “el momento más bello es el presente, viviéndolo desde la plenitud del amor de Dios”. El obispo vietnamita era un hombre dinámico, inteligente, dominador de varias lenguas y que había viajado por el mundo dando conferencias. Sin embargo, allí comprende que nada de lo anterior importaba en aquel instante. Solo valía aceptar el hoy y el ahora que se le ofrecía. Dios quiso lo uno, como también lo otro.

Nos enseña, además, a descubrir la presencia silenciosa de Dios si somos capaces de desprendernos de todo lo que nos impide escucharlo. Jesús es alguien que comparte la celda con él y que se hace presente en la mísera celebración de la eucaristía con apenas unas gotitas de vino entre sus dedos. Lo hace en la oscuridad, solo, y desprovisto de todo. Su habitáculo es una húmeda caverna calurosa donde apenas puede respirar y caminar para no acabar entumecido. Sin embargo, es especialmente conmovedor leer con qué sencillez y pobreza Dios se hace allí presente.

Finalmente, me ha conmovido mucho comprender cómo le fue posible, desde el amor, sentir compasión por sus carceleros, sabedor de que él es instrumento de Dios incluso en aquella circunstancia. El amor es el lenguaje del Cielo y es capaz de hacer posible lo que humanamente creemos imposible.

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