Claret en el tiempo de las redes. por Tino Rodríguez

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Claret en el tiempo de las redes 

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Vivimos un tiempo muy singular. Algún día los libros de historia (o lo que sea que conserve el siglo XXII las crónicas de este tiempo), considerarán esta una revolución cultural sin precedentes. Ni la imprenta ni el vapor se pueden siquiera asomar a lo que está significando y significará la transformación digital de  la aldea global.

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Una de las cosa que trajo consigo este nuevo continente digital fue lo de las redes sociales. Ha pasado ya mucho, mucho tiempo desde las primeras comunidades digitales. Casi dos décadas. Una eternidad donde el smartphone del año pasado está ya obsoleto. Las redes son ahora el aire que respiramos: facebook, youtube, twitter, instagram… Es imposible no estar. Desde los tiernos párvulos (a punto de nacer la segunda generación de nativos digitales) hasta las abuelas tienen al menos un avatar que les identifica en el universo binario. Incluso el más reacio de los tecnófobos deja huella digital en el Big Brother Google. Se puede estar en contra de que el agua moje o que llegue el solsticio de verano, pero poco se puede hacer para impedirlo.

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Me llama la atención que estos nuevos canales de comunicación utilicen una palabra tan evocadoramente evangélica: redes. Las redes del evangelio también son redes de personas. “Remad mar adentro, y echad las redes” les decía a los primeros Doce el Maestro. ¿En qué mar tiene que que adentrarse en el segundo milenio los discípulos de Jesús? Pienso en San Antonio María Claret y me pregunto: si hubiera nacido en nuestros días, ¿cómo habría actuado con respecto a estas “nuevas redes”?

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Algo que caracterizó a Claret fue su afán por usar cuantos medios fueran necesarios para multiplicar los efectos de su misión apostólica. Que un libro, una estampa o una hoja volandera llegaban mucho más lejos que un sermón.

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Si fue capaz de dar hasta 14 sermones en un día, ¡adónde hubiera no hubiera llegado de vivir en el tiempo del trending topic!

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¿Empezaría por facebook? Ahí tengo mis dudas. Es el canal de los cotilleos, el “mentidero digital” por antonomasia. A Claret no le gustaban nada los chismes. No creo que empezase por ahí. Yo lo veo más como un tuitero desenfrenado, con palabra tiernamente aguda, capaz de encender corazones en 140 caracteres. Y a cada tuit, una ilustración, por supuesto, pues sabría (ya lo sabía en su tiempo) del poder de la imagen. Así que también tendría perfil en Instagram, e inundaría el ciberespacio de ilustraciones hechas por él mismo con su tablet. E incluso se colaría en LinkedIn para atraer a los mejores profesionales a su Academia de San Miguel.

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Con la labia que decían que tenía, pillaría una webcam y se convertiría en poco tiempo en uno de los mayores influencers con su canal de  youtube. ¿Os imagináis el impacto de cada uno de sus sermones pudiendo llegar a cualquier smartphone, smartwatch, smart tv de todo el mundo?

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No creo que dedicase esfuerzo alguno en portales institucionales. Evangelizar, evangelizar, evangelizar. No querría perder ni un minuto en la world wide web que no fuera en difundir la buena noticia.

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En mi ciudad natal, Sevilla, hasta el siglo pasado, no era infrecuente que el río Guadalquivir se desbordara e inundase la ciudad.  A veces, el nivel del agua podía llegar hasta las trancas, los palos gruesos que se colocaban en ventana o puerta para asegurarlas. De ahí el dicho “meterse hasta las trancas” para quien se mete de lleno en algún asunto o problema.

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No me cabe ni asomo de duda: Claret se metería “hasta las trancas” para evangelizar el “continente digital”. Con todo lo que conlleva salir de la seguridad, y embarrarse para ir al encuentro del que no conoce aún el Amor de Dios.

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Y también sospecho el nick que elegiría: @A_Maria. 

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Tino Rodríguez

@tynitoon