CONSTANTINO BADA – JMOV15 – ¡qué bueno contar contigo!

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QUÉ BUENO CAMINAR CONTIGO

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Me llamo Constantino Bada Prendes y soy sacerdote diocesano de Asturias. Vivo en Oviedo, soy párroco de tres pequeñas parroquias en Gijón y soy profe de Sagrada Escritura, hebreo y orígenes del cristianismo. Imparto un montón de asignaturas. Antes del sacerdocio era intérprete, traductor y profe de idiomas. Como mis compañeros decían, «todos venimos de COU… menos Tino … que viene de Hong Kong» (allí trabajé un breve tiempo). Soy lo que antes llamaban una «vocación tardía» y ahora decimos más piadosamente una «vocación madura», pues ingresé en el Seminario de Oviedo a los 35 años (ahora tengo 53). Estudié también en Roma, Teología Bíblica, y luego arqueología bíblica en Jerusalén.

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Cuéntanos 2-3 “contigo” de los que puedas decir a lo largo de tu vida: ¡qué bueno caminar contigo!

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Desde pequeñito he experimentado siempre esa cercanía del Señor que me llevaba de su mano, aunque a veces yo me soltase.

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Ya de adulto mi vida era muy ajetreada y complicada aunque muy interesante por los viajes por el mundo y esas cosas, pero siempre, donde quiera que iba, sentía que Él iba conmigo. Una noche en Estambul, ante Santa Sofía, en un momento nocturno de descanso, me ocurrió algo que creo fue lo que me ayudó a cambiar mi vida. Siempre he sido muy activo, como aquel que va con un fotograma de adelanto en su película vital, siempre corriendo, pero nunca feliz del todo con mi vida. Aquella noche mientras descansaba sentado en un banco frente a aquel edificio tan cargado de espiritualidad (aunque hoy sea un museo) y meditando apaciblemente sobre la suerte de estar allí, una agradable voz interior me comenzó a reiterar las preguntas que siempre me rondaban la cabeza; ¿porque corres tanto?, ¿a dónde quieres ir?, ¿a quién buscas de verdad?, ¿cuándo vas a ser feliz?... Y entonces me di cuenta que en la respuesta a esas preguntas radicaba mi futuro. Y no sabría decir cómo, pero en aquel instante preciso llegaron las respuestas. Corría tanto porque no me dirigía al lugar adecuado, en realidad no sabía ni a dónde me dirigía, sólo corría a lo Forrest Gump porque no había respondido a aquella dulce llamada tantas veces pospuesta.

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Buscaba de verdad a QUIEN ya me había encontrado desde siempre. Y no sabría lo que era la felicidad hasta que me hallé postrado mientras escuchaba las letanías, en espera de ser ungido como sacerdote de Aquel que me había llamado tan insistentemente. En términos porcentuales más prosaicos tenía que cambiar el 95% de toda mi vida por el 5% que me daba la felicidad… en la catequesis, en mis labores laicales de colaboración con mi pequeña comunidad parroquial de origen, en la coordinadora de pastoral juvenil etc.

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Estamos en el año de la VC, dinos 3 palabras que expresen lo que te aporta a ti la VC.

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SER: La vida consagrada me ha hecho ser más yo que nunca, me ha aportado la gracia de ser llamado con absoluta gratuidad para ponerle voz y manos a Cristo en este mundo que tanto le necesita;

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SENTIR: Mentiría si no digo que sigo corriendo, el fotograma sigue acelerado,  pero ahora sí que siento que la velocidad ya no importa sino la atractiva meta final;

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DISFRUTAR: todo ello me hace muy feliz, aunque halle a veces dificultades (y no pocas) en el camino.

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Expresa con una imagen qué significa para ti vivir vocacionalmente, sea cual sea tu vocación.

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Vivir vocacionalmente es vivir conscientemente, es vivir “a tope”, dando todo lo mejor de uno mismo, dando la vida cada día, en cada gesto, en cada palabra. Por eso mi imagen sería la de una semilla

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Vivir vocacionalmente es despertarme cada mañana y decir Señor y hoy, ¿adónde corremos tú y yo?, es sentirme en equipo con AQUEL que me ha llamado e irme a trabajar a la parcela concreta que ese día ÉL me pone delante, la pastoral parroquial, mis/sus «tropecientas» mil clases, un café con un feligrés desanimado… Vivir vocacionalmente es ocupar el lugar que el Señor tenía destinado para mí y que no pude reconocer hasta que él me lo mostró. ¿Y cómo sé que es éste? Porque ahora mientras sigo corriendo en mi ajetreo de servicio, no puedo evitar llevar una sonrisa en la boca… y tampoco puedo evitar el ser feliz, aunque a veces la vida me duela, como a todos.

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Constantino Bada