CORRER PARA VIVIR

Correr para vivir
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Una historia de fe y superación

Las biografías o ficciones basadas en hechos reales producen un extraño hechizo en los lectores o espectadores. El terreno donde se desarrollan es la realidad, y suele ser una realidad que por algún motivo seduce, aun siendo dura como en este caso. Correr para vivir de López Lomong se construye entre estos dos géneros: no es una biografía ni una novela, pero se trata de ambas a la vez. Nos encontramos ante un género que podríamos definir como testimonio, donde las vicisitudes extremas de su existencia le aportan ingredientes novelescos. Falsamente novelescos, desde luego, porque – como suele decirse – la realidad siempre supera a la ficción.

Personalmente, vivo preocupado por la forma en que educo a mis hijas, en primer lugar, y a mis alumnos seguidamente. La mayoría de los jóvenes están narcotizados de estupideces que anulan sus mentes. Nos pasa a los adultos en mayor o menor medida, pero tenemos recursos para discernir cuando nuestro globo aerostático de banalidad ha atravesado la estratosfera. Ellos no. Chapotean en la superficialidad, instagrameando sus vidas que se mueven en escenarios de vídeo juegos o en youtube. Todo esto es posible porque vivimos en una sociedad super excitada de materialismo y, como suelen tener más de lo que necesitan, están anestesiados ante el sufrimiento ajeno, a no ser que se trate de algún animalito de la faz de la tierra, donde el infantilismo social en el que estamos instalados les otorga sentimientos humanos, como si de una Pepa Pig o un Mickey Mouse se tratasen.

Correr para vivir te estrella en la realidad. Es un bofetón a las conciencias adormecidas y una lectura obligada para aquellos que quieran aportar diferentes perspectivas al mundo cómodo en el que vivimos. Es una historia que te deja noqueado desde sus primeras páginas: un niño de seis años secuestrado y separado de su familia por una guerrilla sudanesa, campos de refugiados donde se malcome una vez al día, racimos de niños pobres y olvidados del mundo que simplemente nacen para sufrir y morir.

Pero, evidentemente, esta historia no es solo esto. Claro que no. La vida de López Lomong podría ser una historia bíblica, un discurso lleno de esperanza donde la presencia de Dios surge constantemente en la voz del protagonista y en sus peripecias vitales. Es un relato revelador, optimista y conmovedor. De la misma forma que el Génesis nos presenta a un José fiel a su Dios en la adversidad, así López Lomong afronta su existencia y, como en la Biblia, esta fidelidad da frutos inesperados que captan la atención del lector.

¿Es posible que un niño sudanés que sobrevive increíblemente a la guerra y al hambre sin su familia acabe corriendo en el Equipo Olímpico de los EEUU?

Es posible. Los milagros son pequeñas heroicidades que suceden para que las admiremos y las contemos. Por ello vale la pena leer este testimonio de narrativa sencilla y sin demasiadas pretensiones literarias. 

Cuando llegaron los camiones yo estaba rezando con los ojos cerrados. Así comienza el libro que, a modo de metáfora – quizás -, también alude a un lector que vive y lee ciego, desde las seguridades y certezas que le aporta su vida acomodada. Sin embargo, al comenzar a leer, todo saltará por los aires.

Por eso vale la pena.

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