Covid-19: La oportunidad de la dificultad

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Nunca he vivido nada igual.” Es una frase que he escuchado repetidamente en pocas horas ante el peligro global y real que supone el COVID-19, y la situación de confinamiento en que nos vemos inmersos para frenar su expansión. En pocas horas, de forma imprevista, nos quedamos sin la posibilidad de hacer planes a corto plazo, de pisar la calle, de encontrarnos… Casi todo paralizado.

Sin embargo, aun con miedo en el cuerpo y lejos de dramatismos, la respuesta de muchas personas y muchos colectivos no deja de ser asombrosa: los ciudadanos/as se ponen de acuerdo en gestos sencillos que ayudan a proteger a los más vulnerables y a animar a los más titubeantes (hashtags, aplausos desde el balcón…); en educación se emprenden multitud de proyectos con nuevas aplicaciones y formas de trabajo para que el aprendizaje no se resienta; en las parroquias y desde distintos grupos se ofrecen miles de alternativas geniales para que no falte Palabra, ni eucaristía, ni el calor de hermanos y hermanas… Y así cada persona, desde su lugar, desde lo que a cada una nos toca, pone su parte. Sin haberlo previsto ni programado, y por qué no decirlo, sin certezas tampoco en cuáles serán los resultados.

A esas personas que son capaces de vivir esta dificultad como una oportunidad, GRACIAS. Puede que esta situación anómala nos enseñe sobre la verdad de la vida. Puede que aprendamos algo. Puede que viendo cómo está en mis manos dar lo mejor o sucumbir estemos recibiendo el secreto de transformar cada dificultad. Al fin y al cabo, nunca hemos vivido nada igual.

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Gracias por mi nombre

Si alguien sabe lo importante que es tener nombre propio es María, la de Magdala. Algunos la llamaban Magdalena. Otros la buscaban