Cuidar de uno mismo: cuidado con el cuidado

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Seguramente, si te encuentras con alguien que te dice que se va a cuidar o que se está cuidando, no te imaginas que vaya a merendar una palmera de chocolate, o que se vaya a echar dos horas de siesta…con “cuidarse” solemos entender una dieta baja en calorías, una rutina más o menos estricta de ejercicio, echarse cremas…

He batallado toda la vida con este tema. He pasado por diferentes procesos físicos y mentales en busca del auto cuidado, pero todos ellos tenían puntos comunes: los extremismos, las privaciones, la búsqueda de un aspecto físico normativo. Por supuesto también la dificultad para mantener en el tiempo los compromisos, por su dureza. Y la culpabilidad, por todas las veces que desisto y tengo que volver al punto de partida.

Voy cumpliendo años, acumulando experiencia, y adquiriendo la capacidad de mirar de nuevas maneras. Y de cuestionarme lo pasado, lo presente y lo futuro.

Aunque me queda camino por recorrer, me doy cuenta de que todo intento de controlar(me) desemboca en rebelión. No hay efecto rebote que valga. Lo que hay, en el fondo, es un golpe sobre la mesa y un ya está bien. ¿Ya está bien de qué?… ¡de maltratarme! Y entonces necesito darme a borbotones todo aquello de lo que tanto tiempo me he privado.

¿Acaso hay más cuidado en privarse sistemáticamente de determinados alimentos que en tomarse una caña fresquita con los amigos? ¿o que en saborear un trozo de chocolate con los ojos cerrados disfrutando de todo lo que somos capaces de experimentar en una mísera onza?

¿Hay más mimo en ir cada día al gimnasio, sin excepción, inexcusablemente, que en dormirse una buena siesta el día que necesitamos descanso?

¿Hay más salud en no darnos tregua que en reconocernos humanos y permitirnos el cansancio, el error, la imperfección?

¿Hay más amor en la búsqueda de todo lo que podríamos cambiar en nosotros con “auto cuidado”, que en una mirada compasiva y amorosa al espejo ?

¿Es el camino del cuidado un camino de privaciones? ¿No será más bien un camino de autoescucha (lo que mi cuerpo y mente necesitan), de autoaceptación (de todo lo que soy aunque quiera mejorar) y de autocompasión (no auto machaque)?

Seguramente en el medio esté la virtud. Lo que ocurre, es que me da la sensación de que, en nombre del cuidado y la salud, muchas veces hacemos lo contrario: descuidarnos y dejarnos salud física y mental por el camino. Así que cuidado con el cuidado…

Decía Antonio Gala que en su epitafio quería que pusieran “Murió vivo”. Me encanta. Se lo copio. Por favor, si lo consigo, ponedlo en el mío. Pero ojalá podáis añadir “Murió viva y alcanzó el equilibrio”.  No es moco de pavo… me parece.