De desarmes y batallas

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Es curioso que sea en el día de Claret cuando empieza la semana del desarme de la ONU, día de su fundación: 24 de octubre.

Hago memoria de noticias de los últimos mese sobre abandonos de convenios de control de armas y de tensiones bélicas entre poderosos países, y no me parecen muy efectivos los 41 años de celebración de esta semana.

Porque en verdad, ¿quién quiere desarmarse? Vivo en un país donde ir armado es legal, donde conocidos míos portan armas, donde personal que viene a hacer un trabajo a mi casa esconde en su auto un arma… sienten la necesidad de ir armados, no creo que se entusiasmen con esta semana. Ni esta sociedad quiere que su país esté menos armados que los otros países, sino que desea sentir que su país puede defender su modo de vida ante cualquier amenaza.

Y llego a mí. Desarmarme.

No porto armas, pero voy armado. No hace tanto, me han hecho caer en la cuenta cómo nuestras relaciones están llenas de defensa. Cómo nos armamos de un lenguaje agresivo. Llevo un tiempo analizando eso, corrigiendo el lenguaje, modificando modos de pensar… desarmándome un poco. No es una cuestión de buena voluntad, sino que hago ejercicios, revisiones, … Voy detectando, más difícil resulta ir aprendiendo, adquiriendo nuevos hábitos, vivir menos armados. No quiere ser dejadez ni desidia, ni «pasotismo»; quisiera ser firmeza, pero llegar a eso sin armarse a la vez no es una senda que se vea con facilidad, menos aún ante personas que van bien armadas. Se ve con más lucidez el camino que no es más que el modo de proceder.

Y sigo en mí. Armarme.

Mi fundador, Claret, no me habla de desarme, sino de batalla. Me entiende, se entiende a sí mismo, como parte de un ejército que se enfrenta activamente a otro. Me habla del Apocalipsis, de la lucha de la Serpiente contra la Mujer. No hace tanto escuchaba en la misa a San Pablo diciendo a Timoteo: «Pelea el buen combate de la fe» (1 Tim 6,12). Y recuerdo que en la catequesis con los más jóvenes, los «armábamos» con el traje de combate que describe San Pablo, que empieza con una frase que tanto impactó a Claret : «Nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus del mal que están en el aire. 

Por eso, tomad las armas de Dios, para que podáis resistir en el día funesto, y manteneros firmes después de haber vencido todo. Poneos en pie, ceñida vuestra cintura con la verdad y revestidos de la justicia como coraza, calzados los pies con el celo por el Evangelio de la paz, embrazando siempre el escudo de la fe, para que podáis apagar con él todos los encendidos dardos del maligno.Tomad, también, el yelmo de la salvación y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios» (Ef 6, 12-17).

En este mes extraodinario de la misión, no es otra cosa lo que se intenta: que no andemos tan desarmados para la evangelización. Nada de más desarme. 
Y mientras… arrasan las películas de los superhéroes con superpoderes. Que por cierto, me gustan.

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