A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
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«Descansar en el tiempo de descanso» Por Esther Lucía Awad Aubad

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HAZ LO QUE HACES:  ¡DESCANSAR EN EL TIEMPO DE DESCANSO!

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Al iniciar el curso, nos invitaron a tener como lema “Haz lo que Haces”… una propuesta para vivir con atención plena el presente.  Hemos ido reflexionado desde diversas claves y hoy, para finalizar el curso la invitación es a vivir también con atención plena el tiempo del descanso:  HAZ LO QUE HACES EN EL DESCANSO, ¡vaya paradoja!

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Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, una de las acepciones de la palabra descansar es “cesar en el trabajo, reparar las fuerzas con la quietud “.  Por esto digo que es una paradoja porque estamos en una sociedad y una cultura que cada vez nos envuelve más en el hacer, hacer y hacer bajo múltiples disfraces, alguno tan reconocido como “descansar es cambiar de actividad”.  Y no, descansar es elegir cuidar un espacio personal en el que lo que haga tenga como objetivo recuperar la fuerza de trabajo, ¡no trabajar en otras cosas!  Para algunos ese modo de reparar las fuerzas con la quietud es dormir, para otros pasear, para otros ver la tele, para otros leer por recreación no por formación, para otros salir al campo, para otros hacer algún deporte, para otros sencillamente estar, sin más, sin horarios, sin tareas, sólo estar…

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dormirPodría repetir aquí aquellas buenas normas que posibilitan el descanso que encontramos en manuales para “vivir bien”:  alimentación balanceada, evitar bebidas  excitantes como la cafeína, dormir 8 horas diarias, cuidar el ambiente de reposo, hacer deporte, cultivar algún interés personal, establecer una rutina diaria, cuidar las amistades… y un sin fin de cosas más que, además de que seguramente ya las sabes, se quedan en “recetas para estar bien” que leemos, incluso recomendamos, pero que quedan muy lejos de nuestra agenda diaria, ¿no?.  Porque descansar, saber descansar no es una cuestión de técnicas sino de ACTITUD, y tiene que ver con lo que pensamos, sentimos y hacemos con respecto al descanso.

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En una realidad en la que hay de ir de prisa y con muchas cosas por hacer y poco tiempo para hacerlo, el descansar no tiene muy buena tarjeta de presentación, ¿cómo permitirnos un tiempo para “hacer nada” cuando tengo asociada mi valía personal a la eficacia y el éxito social?  Falta de entrega, falta de compromiso, egoísmo, irresponsabilidad, “tengo” que hacerlo, son algunos de los falsos argumentos con los que de manera inconsciente e irracional dañamos nuestra calidad de vida y justificamos el no tener tiempo, el no “perder” tiempo, el estar muy ocupados para tener un tiempo de quietud…  Tendemos a considerar como valioso únicamente el tiempo dedicado a producir, a las tareas laborales, apostólicas… auto incapacitándonos para disfrutar diferentes aspectos de la vida y para saber descansar. 

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La actitud que me permite descansar con “atención plena” al descanso, implica en primer lugar modificar el pensamiento para llegar al convencimiento de que es necesario y posible parar, desconectar, poner límites al trabajo, al activismo, al estar ocupados con tantas y tantas cosas que no queda tiempo para lo fundamental:  ¡quedarnos quietos para entrar en contacto con nosotros mismos!  Requiere saber decir no, tener claridad que mi capacidad y eficacia llega hasta un punto, que no estoy operativo 24 horas al día 7 día a la semana, es tener la capacidad de salir de la trampa de la “conexión” permanente hoy en día magnificada con las tecnologías que nos permiten estar al tanto de todo y responder con inmediatez toda clase de asuntos laborales, sin control de hora ni de día.  ¡Descansar no es perder el tiempo, sino ganarlo!

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puzzleImplica también reservar y respetar un tiempo sagrado para el descanso, no negociable, no cambiable, no aprovechable para las tareas pendientes…  ¡¡¡Cuántas veces el tiempo de descanso se convierte en las horas extras de trabajo, porque en nuestra mente y nuestro corazón así lo tenemos clasificado!!!  Cuántas veces el tiempo de vacaciones, el fin de semana, algún día festivo es “aprovechado” para terminar de hacer lo que no hemos alcanzado a hacer… Es como si el tiempo del descanso personal fuera el “tiempo comodín” para hacer un poco más de lo que hemos hecho, cuando tiene que ser un espacio tan protegido como puede ser el horario en que doy una clase, o tengo una reunión, o una cita, o cualquier otro compromiso.  ¡Descansar es un compromiso ineludible conmigo misma y con mi salud mental, espiritual y apostólica!

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Si aprendiéramos a dedicarnos diariamente, semanalmente, mensualmente, anualmente tiempos de quietud para relajarnos, encontrarnos con nosotros mismos, para aprender a hacer nada, al final del año estaríamos mucho más descansados y además constataríamos que nuestro quehacer ha sido mucho más eficaz y nuestras relaciones personales mucho más amables y satisfactorias.  ¿Cuál es realmente tu manera de descansar? ¿Cuál es el modo de descansar que sientes que realmente te revitaliza por dentro y desde dentro?  ¿Cuál es esa manera de descansar que te quita la cara y las expresiones de agobio, de “no llego”, “no puedo más”? ¿Qué es lo que haces –a deberías hacer- en ese tiempo descanso en el que aparentemente no haces nada pero luego constatas todo lo que te aporta?

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Lago Descanso_800Hacer lo que tienes que hacer en el descanso, implica la conciencia personal de la necesidad de reposar, de descansar, de aquietarse…  Parar, simplemente parar, ya tiene efectos beneficiosos para la salud porque por lo menos se recuperan las funciones físicas vitales ¡quién no ha tenido la experiencia de lo diferente que se ve una situación después de haber dormido 8 horas de manera relajada!.  Descanso, quietud, silencio, conexión con las sensaciones, con los sentidos, recuperar las fuerzas físicas, psíquicas y espirituales, recuperar la energía para tener entusiasmo con la tarea que nos toca realizar para no vivirla como una pesada carga por el agotamiento.

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Hacer lo que tienes que hacer en el descanso es dedicar y cuidar un tiempo dedicado a producir algo no tangible:  bienestar personal que luego hará que mi quehacer sea mucho más eficaz porque brota desde lo más profundo, lleva entusiasmo e ilusión y no simplemente es respuesta a la urgencia de hacer y hacer.

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EstherLucía Awad Aubad

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