YO ESTUVE ALLÍ: UN DOMINGO DE RAMOS CON ALMA

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Hola a todos… acompasados! mirad… no es que yo quiera ir de protagonista en esta historia… pero es que después del Domingo de Ramos ya casi no salgo en los evangelios y ¡yo estuve allí siempre!… en cada paso, recorriendo con Jesús cada uno de esos días tan intensos que vivimos en aquella semana tan especial…

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ramos… nunca acabé de entender bien qué pasó… cuando entramos en aquella ciudad, ese día triunfal que vosotros llamáis domingo de Ramos me sentí halagado de que Jesús, el profeta, el sanador, el amigo de prostitutas, leprosos y todos los ninguneados, me eligiera a mí para entrar como un “señor” en Jerusalén… todo era alegría, la gente estaba loca de contenta porque recibía a alguien con buena fama, alguien realmente bueno… la gente aplaudía, le aclamaban como “el rey que viene en el nombre del Señor” (Lucas 19, 38), le tiraban piropos, gritaban HOSANNA!!!! que no sé muy bien lo que significa, pero yo entendía algo así como ¡qué grande eres! o ¡por fin estás aquí!… y todos llevaban palmas… parecía realmente que estuviera llevando a un rey! parecía como si entrar allí fuera la solución de todos los problemas… porque habían sido testigos de los hechos poderosos de Jesús.

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burroPero ¿sabéis qué? Jesús me escogió para entrar en Jerusalén a mí, a un burro, a propósito. Su acto le recordó a la gente las palabras del profeta Zacarías: “Alégrate mucho, hija de Sión; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna” (Zacarías 9, 9).

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Y me extrañó que Jesús no quisiera mandar callar a sus discípulos cuando los fariseos se lo pidieron (Lucas 19, 39-40). Y es que los gritos de la multitud reclamaban una autoridad especial para Jesús, al estilo de los reyes en la época de David. Pero Jesús ¡eligió un burro! símbolo de mansedumbre. ¡Me eligió a mí! Un sencillo y vulgar burro. Las autoridades que gobernaban Israel en nombre de Roma, jamás montaban en burros, sino en caballos poderosos y magníficos, como signo de fuerza y poder. Al montar un burro, Jesús les dio una lección objetiva acerca de su autoridad. Él entraba en Jerusalén no como un conquistador y rey poderoso, sino como un siervo humilde y paciente. Así entendí yo la lección. Y creo que la gente también…

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Con el paso de los días, el  ambiente empezó a estropearse, poco a poco todo se fue poniendo muy oscuro… la gente estaba alborotada, confundida, enfadada…

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                                                                                              …Pero de esto, os hablaré mañana… hoy toca gritar esperanzados: ¡HOSANNA!, es decir, ¡que grande eres!, ¡por fin estás aquí!

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equipo ACOMPASANDO
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