ALEGRÍA CUMPLIDA – Miércoles 5 de junio –

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En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo: «Padre santo, guárdalos en tu nombre, a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste, y los custodiaba, y ninguno se perdió, sino el hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura. Ahora voy a ti, y digo esto en el mundo para que ellos mismos tengan mi alegría cumplida. Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Conságralos en la verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también al mundo. Y por ellos me consagro yo, para que también se consagren ellos en la verdad.»

Juan 17,11b-19

El número 329 de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio habla de la “verdadera alegría”: “Propio es de Dios y de sus ángeles en sus mociones dar verdadera alegría y gozo espiritual, quitando toda tristeza y turbación, que el enemigo induce”

En sus apuntes, Adolfo Chércoles dice que no toda alegría que uno experimenta es verdadera: “Muchas alegrías duran un momento, o lo que es peor, dejan “seco y descontento”, como decía San Ignacio. Para que una alegría sea de Dios tiene que ser verdadera (profunda), que nos llena y

“quedamos contentos y alegres”.

La alegría parece que la sentimos por algo que nos ocurre; el gozo es una experiencia que nos invade y llena por dentro ocurra lo que ocurra por fuera, no depende de lo que nos rodea. No podemos decir lo que es, sino que hay que sentirlo. Por eso San Ignacio lo llama “espiritual”, es decir, no es material, no es una “cosa”. Por ejemplo, el tener un coche me llena de alegría, pero no me puede llenar de gozo, que no es acumular cosas. El gozo da sentido a la vida, más aún es sentirme lleno de vida y con ganas de darla. Pues bien, San Ignacio dice en esta regla que lo propio de Dios es dar esta alegría que no deja vacío y este gozo “espiritual”, que nos liberan de todo lo que nos destruye o hunde. Cuando uno experimenta esta alegría y gozo de Dios no hay sitio para tristezas ni turbaciones (miedos, angustias, preocupaciones, etc.)”.

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