A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

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En aquel tiempo, los fariseos, al oír que había hecho callar a los saduceos, se acercaron a Jesús, y uno de ellos le preguntó para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?" Él le dijo: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser". Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los Profetas.

Mateo 22, 34-40

Los líderes judíos en la época de Jesús a menudo discutían por causa de la importancia relativa de los mandamientos. La perspectiva de algunos era que guardar el Sabbath era el mandamiento más importante. Otros pensaban que el más importante era la circuncisión. Otros creían que el mandamiento más importante se encuentra en Deuteronomio 6,5: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza”. 

La originalidad de la respuesta de Jesús es la integración: amar a Dios y al prójimo. Estos dos mandamientos resumen toda la Ley y los profetas. Jesús iguala y equipara esos dos mandamientos; de tal modo que los convierte en uno: el segundo dice que es semejante al primero; amar al prójimo es amar a Dios. Jesús sabe que el que ama a Dios es porque se siente amado por él y, por esta razón, es capaz de amar a los demás sin ninguna clase de egoísmo.

El evangelio de hoy nos invita a tener una mirada contemplativa de la creación como un todo que habla de la presencia de Dios, y que nos mueve a procurar el bien de nuestros semejantes. 

En nuestra relación con los demás ¿qué actitudes reflejan tu amor por Dios? ¿El cuidado de la Casa Común, es una de ellas.

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