A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

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En aquel tiempo, a los discípulos se les olvidó llevar pan, y no tenían más que un pan en la barca. Jesús les recomendó: «Tened cuidado con la levadura de los fariseos y con la de Herodes.» Ellos comentaban: «Lo dice porque no tenemos pan.» Dándose cuenta, les dijo Jesús: «¿Por qué comentáis que no tenéis pan? ¿No acabáis de entender? ¿Tan torpes sois? ¿Para qué os sirven los ojos si no veis, y los oídos si no oís? A ver, ¿cuántos cestos de sobras recogisteis cuando repartí cinco panes entre cinco mil? ¿Os acordáis?» Ellos contestaron: «Doce.» «¿Y cuántas canastas de sobras recogisteis cuando repartí siete entre cuatro mil?» Le respondieron: «Siete.» Él les dijo: «¿Y no acabáis de entender?»

Mc 8,14-21

Jesús, después de haber repartido a una multitud de paganos siete panes y unos cuantos pececillos, se sube a la barca con sus discípulos que se dan cuenta de que se les ha olvidado el pan. Tienen muy poco para mantenerse y es muy probable que comiencen a discutir echándose la culpa unos a otros del olvido. Es justo entonces cuando Jesús les advierte de la levadura de los fariseos y de los seguidores de Herodes

¿Qué quiere decir esto? Pues que la Iglesia saldrá adelante con lo poco que pueda tener, si su único afán es confiar plenamente en Dios, que ya proveerá.

 

San Antonio María Claret y María Antonia París también vieron claro que la Iglesia de su tiempo estaba lejos de cumplir los consejos evangélicos, sobre todo el de pobreza. Dice el padre Claret: “Jesucristo ama la Pobreza, las injurias y los dolores, también los quiero yo.”. Y María Antonia París se atrevió a decir que “el pecado de la avaricia ha sido el lobo voraz que ha despedazado toda la santa Iglesia.”

No se trata de ser masoquista ni de caer en la ingenuidad, sino de evitar que la levadura de la codicia y la falta de caridad vaya expandiéndose por nuestro interior haciéndonos caer en la soberbia y la autosuficiencia.

Hoy en tu oración, sitúate en la barca, con Jesús, y pregúntate: ¿Dónde pongo mi seguridad? ¿En tus manos, Señor, o en la fuente de mis ingresos? ¿Cuánta parte de mis ingresos quieres que dedique a obras de caridad?

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