A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

LOGO-LECTURAS
En aquel tiempo, os discípulos de Juan se le acercan a Jesús, preguntándole: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?». Jesús les dijo: «¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán».

Mateo 9,14-15

¿Cómo te llamas? Normalmente respondemos diciendo nuestro nombre, el que nos pusieron, con el que nos identificamos y distinguimos. Nuestro nombre puede decir simplemente quienes somos o puede tener un significado, que le dieron o el que le das. En la fe nos llamamos discípulos del Señor, cristianos, católicos, creyentes, fieles, amigos en camino con Jesús… etc. Se nos llama así según el grupo religioso al que pertenecemos, o bien la palabra puede reflejar nuestra verdadera relación con Jesús. 

Si te fijas en el texto, Jesús habla de un esposo (se identifica con él), los amigos de éste (familiares cercanos – en el texto original) y aquellos que arrebatan al esposo. Jesús no se detiene en la pregunta que le hacen: ‘¿por qué tus discípulos no ayunan?’ sino, como suele hacer, nos reenvía a otra manera de comprensión. Primero nos hace recordar que vivir la cercanía con él es algo parecido a la fiesta de la boda donde él es el protagonista, el que, como novio enamorado de su esposa, invita a que se celebre, se festeje, se viva alegres, se piense en un futuro nuevo que comienza… porque va naciendo una nueva familia. Va comenzando a ensancharse la relación y van creándose nuevos lazos. Esto llena de contento y merece celebración. Esta es la imagen con la que Jesús habla del reino de Dios. Me pregunto muchas veces si hemos comprendido la fe así.

Pero, al parecer, no sólo aquellos que crucificaron a Jesús, sino la sociedad de hoy “arrebata” al Esposo, quiere cancelar de la vida cualquier mención sobre Dios y Cristo. ¿Nos causa alguna pena? ¿Nos sacude como para ponernos a ayunar por este motivo? O esta su ‘presencia arrebatada’ ¿es ya para nosotros un hambre y sed suficiente para padecer?

Share on facebook
Facebook
Share on pinterest
Pinterest
Share on twitter
Twitter