A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

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En aquel tiempo, dijo el Señor: «¿A quién se parecen los hombres de esta generación? ¿A quién los compararemos? Se parecen a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros: "Tocamos la flauta y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis." Vino Juan el Bautista, que ni comía ni bebía, y dijisteis que tenla un demonio; viene el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: "Mirad qué comilón y qué borracho, amigo de publicanos y pecadores." Sin embargo, los discípulos de la sabiduría le han dado la razón.»

Lucas 7, 31-35

A veces pasa: suena la música y no bailamos, cantan canciones tristes y no lloramos; tenemos todo lo necesario para volar y nos quedamos a ras de suelo… Como si nos fuese más cómodo quedarnos así, como si le sacásemos cierta ventaja a la insatisfacción, como si no nos interesase estar en lo que estamos. 

Pero vivir es otra cosa: es poner todo de mí en cada instante. Y descubrir, sobre todo, que en cada instante hay Alguien poniendo todo de sí

Vivir es, más bien, atravesar cada momento con hondura y sentido. Con Él.

¿Podría detectar el rastro de Dios en lo que me está pasando hoy? Pasarlo con Él podría impulsarnos a bailar (o a llorar, quien sabe…), pero seguro que lo que nos hace es vivir.

Canción “Si estás aquí” de Manuel Carrasco: https://www.youtube.com/watch?v=y7REMrOZP9U

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