A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

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En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos.»

Lucas 12,35-38

No se puede vivir “con la cintura ceñida” las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Moriríamos de intensidad o por dificultades respiratorias… valga la expresión. Jesús no estaría pidiendo algo antinatural si este fuera el significado: cristianos como hombre y mujeres constreñidos, siempre en alerta vigilante, en tensión. Y sin embargo, no parece que vaya por ahí. Por un lado, en la tradición judía, tener «la cintura ceñida» quiere decir, más bien, que llevas la túnica arremangada para poder moverte con toda libertad y comodidad. Por otro, Jesús mismo dice que el señor se ciñe para servir a quienes están sentados a la mesa.

Imagínate un banquete donde los camareros vayan con grandes mangas y túnicas ampulosas… El servicio no sería muy eficaz y ellos estarían incómodos. Quizá hemos equivocado la llamada a vivir atentos y dispuestos (es decir, lo contrario de una vida lánguida, acomodada, embotada) con vivir tensos y oprimidos. 

Jesús no es un corsé ni tampoco la dejadez sin exigencia alguna. Mira cuál es tu caso: puede ser el día para disponerte y arremangarte en todo lo que te esté entorpeciendo servir y amar con diligencia. O quizá no te deje desprenderte de algún corsé que ni te deja respirar ni ayuda a respirar a otros.

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