CERRADOS Y ABIERTOS – Sábado 9 de junio –

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Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: “Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Juan 20,19-23

Cuando nos sentimos traicionados nos cuesta volver a fiarnos nuevamente… nos cerramos dentro de nuestro rencor, de nuestra decepción… Los discípulos están decepcionados, esperaban de Jesús algo distinto. Hay anuncios de vida, pero no les dicen nada. Su vida está siendo al revés de lo que debería ser. El sepulcro, lugar de muerte está abierto y vacío y el Cenáculo lugar de la entrega de Jesús está cerrado y lleno de miedo. El cenáculo es un lugar para estar abierto y solo el Espíritu lo abrirá para siempre.

También a nosotros puede pasarnos esto. Nuestro corazón, lugar de vida, de amor, de la experiencia de Dios, se transforma a veces en lugar oscuro y de puertas cerradas, de desconfianza y miedo a amar una vez más. Aun así, Jesús no se resigna, el Resucitado entra en nuestras vidas, traspasa y transforma nuestros miedos. Jesús se hace ver, así como es, con sus heridas, que cuentan su historia. Jesús no se avergüenza y Él nos invita hoy a hacer lo mismo: a abrir nuestras puertas a pesar de las heridas que marcan nuestra vida y que nos encierran en nosotros mismos. Si no dejamos que el Espíritu abra las puertas de nuestro Cenáculo, la paz de Jesús no es eficaz porque no se transforma en perdón; hasta que los discípulos no tienen el coraje de abrir las puertas y dejar salir las heridas, serán incapaces de perdonar. Donde hay puertas cerradas no hay perdón hay rabia.

¿Si el Señor ha atravesado las puertas cerradas de nuestro corazón y nos ha dado su paz, ¿por qué todavía no tengo el coraje para salir de mi mismo?

¿Cómo están las puertas de mi corazón?

¿Dejo al Espíritu actuar en mi cenáculo?

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