A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

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En aquel tiempo, dijo el Señor: "Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: "En seguida, ven y ponte a la mesa"? ¿No le diréis: "Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú"? ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: "Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer.""

Lc 17, 7-10

En la sociedad judía de la Palestina del siglo I, un criado era un sirviente de condición libre, no era un esclavo, pero sus condiciones laborales eran muy similares a la esclavitud: la característica principal del criado era el servicio pleno, la disponibilidad total, lo mismo trabajaba arando el campo que en la cocina preparando la cena, su especialidad no era una labor concreta sino el servicio pleno.

Jesús identifica la labor del criado con la vida cristiana, pero como siempre Él habla más con los hechos que con las palabras y es el primero en dar ejemplo “y tomando una toalla se la ciñó (…) porque os he dado ejemplo para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros” Jn 13, 4-14.

El sentido de la vida cristiana es el servicio, estar atentos a las necesidades de los hermanos y actuar, y ese sentido se ilumina desde la oración que es la fuente de la fortaleza para seguir trabajando por Cristo y el Reino.

“El fruto de la oración es la fe, el fruto de la fe es el servicio” Madre Teresa

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