Como Santiago, llamados a servir

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En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: «¿Qué deseas?» Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.» Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?» Contestaron: «Lo somos.» Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre.» Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.»

Mateo 20,20-28

“No sabéis lo que pedís”. Y sí, el Señor escuchó su oración. Uno, Juan, estuvo a su lado en el trono de la Cruz, y el otro, Santiago, fue el primero en participar en la gloria de su martirio.

Cristo nos llama a servir, como Él mismo sirvió. En la Última Cena se une el cáliz con el lavatorio de los pies. Eucaristía y servicio una vez más. Y como servicio máximo, dar la vida hasta las últimas consecuencias. 

¿Hasta dónde sería capaz de llegar por amor? 

¿Siento que el sitio más alto al que puedo aspirar es, precisamente, compartiendo la Cruz del Maestro?

Señor, ayúdame a dar la vida gota a gota, con alegría. Que como Santiago y Juan sepa compartir tu Cruz y tu gloria, que no es otra que vivir tu Amor hasta las últimas consecuencias.

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