A menudo es bueno pararse y «acompasarse» antes de iniciar el vuelo. Acompasando se toma un tiempo para, en «un poquito»… volar aún más alto.
Gracias por confiar.

Dejando Las Grandes Pretensiones De Lado

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En aquel tiempo, Jesús llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia. Éstos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo, el publicano; Santiago el Alfeo, y Tadeo; Simón el Celote, y Judas Iscariote, el que lo entregó. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: «No vayáis a tierra de gentiles, ni entréis en las ciudades de Samaria, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca.»

Mateo 10,1-7

¡Qué inteligente me ha parecido hoy Jesús! Desde luego no puedo evitar pensar que menos mal que tenía una estrategia, lo que me recuerda que eso es bueno. Aunque pueda ser una cosa flexible nos invita (yo incluida) a preguntarnos ¿Cuál es mi plan? 

Y los manda a Israel, no a Samaria o con los gentiles, que en un principio nos podría parecer que quizá lo hubieran necesitado más… A mí hoy, me ha recordado al trabajo que hay que hacer en casa, con los cercanos. A veces las ansias de grandeza me pueden y creo que lo mejor es darme en sitios donde lo están pasando peor, porque yo lo juzgo así. 

Y me olvido del trabajo que hace falta aquí cerca, en el mundo descarriado… quizá más duro porque no es tan evidente, porque es más fácil dejarse llevar por la corriente y porque me hace enfrentarme con lo que yo también soy. Así que os lanzo la segunda pregunta y os invito a dejar las grandes pretensiones (sólo por hoy) de lado: ¿Cuáles son mis ovejas descarriadas de Israel? ¿A dónde me envía hoy Jesús?

¡Feliz día!

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