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En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el Reino de Dios, Jesús les contestó: "El Reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el Reino de Dios está dentro de vosotros". Dijo a sus discípulos: "Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del hombre, y ni podréis. Si os dicen que está aquí o está allí, no os vayáis detrás. Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación".

Lucas 17, 20-25

Cuando Jesús está por subir al Cielo, después de la Resurrección, los apóstoles aún le preguntan una última vez: “¿Es ahora cuando vas a restablecer el reino de Israel?”. No entendían nada, porque aún no habían recibido el Espíritu Santo. 

Hoy estamos en un tiempo de muchas ansias pre-apocalípticas: una pandemia global, los efectos del cambio climático, divisiones en la Iglesia, cataclismos y huracanes… En este contexto algunos sectores de la Iglesia se embelesan en presuntos mensajes y revelaciones privadas que anuncian catástrofes y la venida del Señor. Tenemos el peligro de ser como los fariseos del Evangelio o como aquellos apóstoles en la Ascensión, que aún no habían recibido el Espíritu, y se preguntaban vanamente por el futuro sin obtener respuesta. 

El Reino de Dios está en ti y en mí, en la oración sincera, en los sacramentos y en la caridad que nacen del don de uno mismo. Y como un wifi potente y sin cortes, este Reino de Amor se va difundiendo por la Tierra, para que los corazones sedientos de Él se puedan conectar a esta Vida Plena que Dios nos da. 

¿Busco a Jesús en mi día a día o espero acontecimientos extraordinarios que me lo revelen? 

¿Cuándo fue la última vez que percibí la sonrisa de Dios en mi vida?

Jesús, tu eres el Reino del Padre. En ti está la vida que busca mi corazón. Habitas en mi alma como en tu hogar, aunque no sea merecedor de ello. Te doy gracias por tu presencia en mí y en todas las criaturas de la tierra. Te pido el don de la paz interior y de la caridad ardiente, para poder ser testigo de tu Evangelio en medio del mundo.

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